
Existe un misterio que palpita en la oscuridad de la cueva del corazón. Un misterio que nos habla de unión, de pertenencia, de aceptación. Un misterio que es un anhelo tan profundo, tan divino como humano. El misterio de la devoción.
El loto, uno de los símbolos de Anuradha nakshatra, nace de la oscuridad fértil del descenso. Necesita esa bajada al Inframundo antes de abrir sus pétalos hacia la luz. La devoción es igual. La sentimos normalmente llamando fuerte en nuestro cuerpo cuando sufrimos, cuando nos sentimos perdidos, incomprendidos, invisibles. Y aún así, la devoción siempre espera silenciosamente a ser recordada y abrazada. No es una fe ciega, es un saber encuerpado nacido de la herida primigenia de creernos separados de un Todo mayor, pero intuímos que no es, ni nunca, fue así.
Escorpio nos habla de esas aguas de la psiquis donde el trabajo real no es entender, sino sentir. Y sentir algo no significa tampoco actuar sobre ello siempre. Significa poder mantener el corazón abierto a pesar del dolor que podamos vislumbrar. Sentir en cuerpo lo que el corazón ya sabe. La intuición profunda de sabernos siempre sostenidos, aunque no lo parezca.
Anuradha nakshatra, regida por la deidad Mitra de la amistad, los contratos y la devoción, sostiene este lugar en el mar escorpiónico que nos indica que la oscuridad puede desvanecerse con la luz de una sola vela. Esa vela es el misterio de la devoción.
Esta luna llena nos da la oportunidad de sentarnos frente a frente con aquello que no hemos querido aceptar, pero que ya habíamos visto. Una vez el velo cae, ya no hay vuelta atrás aunque nos esforcemos sobrehumanamente en quedarnos en esa ignorancia elegida. En las tradiciones en las que nado del Shaktismo no dual, decimos que Ella, Mā, Shakti, vela y desvela la Realidad, la Verdad, cuando es el momento adecuado, en el tiempo divino.
Es momento de sentarnos en el centro del barro de nuestra incomodidad y aceptar, incluso con el corazón roto, aquello que hemos querido ignorar.
Esta luna llena nos ayuda a mantenernos erguidos cuando alrededor todo colapsa, y es que la destrucción de lo que ya no sirve es el primer paso para enraizar nuestro futuro en integridad.
La claridad vendrá. El misterio de la devoción promete un nuevo entendimiento, una nueva coherencia encarnada, vivida con discernimiento.
Esta luna llena pide silencio interior. Pide priorizar nuestro descanso corporal y mental para dejar que la inteligencia intuitiva enraice en el barro como el loto, y que desde allí pueda volver a trazar su camino hacia la superficie y florecer.
Feliz encuentro contigo mismo, contigo misma. Que esta luna llena te muestre el misterio de tu propia devoción, y que ésta ilumine el significado real de “sufrir bien”, de excavar el oro atrapado en la herida de la ignorancia de sentirnos solos y separados, y abra la puerta a la comprensión profunda de que siempre estamos en los brazos del Amor Incondicional.
Jai Mā!
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