
La serpiente llegó, mudó de piel, nos mordió en el corazón. El veneno se esparce por las venas con cada latido, siguiendo un ritmo primitivo, cíclico, incomprensible con la mente lógica. Y como por arte de magia, ese veneno ahora se va transformando, nos va transformando. Esta es la alquimia de sanar al ritmo de las mareas de la oscuridad, donde se plantan las semillas de cada nuevo amanecer.
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Sol, Mercurio y Ketu en Magha nakshatra, Regulus, en Leo, descansan en la estrella del pasado, de nuestros ancestros, en el trono de los patrones kármicos. El sol, Mercurio y la cola de la Gran Serpiente Cósmica miran de frente a la luna, a Ella, en el momento exacto de ser tragada por Rahu, la cabeza de esa serpiente, en Shatabhija nakshatra, Acuario.
Shatabhija nakshatra es la constelación de los cien sanadores, regida por Varuna, deidad de las aguas cósmicas. Su poder es Bhesaja Shakti, el poder de sanar.
Durante el eclipse lunar, el brillo del sol reflejado en la luna se torna rojizo, la Tierra se interpone entre nuestra identidad y nuestro discernimiento por un lado, y nuestra mente, emociones e intuición en el otro. Y es que a veces necesitamos tocar tierra, pausar, antes de seguir caminando. A veces no sabemos si seguir los deseos de la mente o del corazón. A veces la respuesta surge cuando aprendemos a mantener y ser capaces de sostener la tensión entre dos opciones que parecen opuestas, pero que en realidad son dos caras de una misma moneda. En el océano cósmico de Varuna, bajo la mirada atenta de sus miles de estrellas, aprendemos y encuerpamos la realidad de que la ola no está realmente separada del mar. El veneno de Ashlesha, del anterior eclipse solar y luna nueva, es simplemente el otro lado de la medicina de Shatabhija, de este eclipse lunar y luna llena.
No hay espiritualidad sin materialidad. No hay no dualidad, sin dualidad. No podemos seguir huyendo del dolor, porque sin él, no hay consciencia del amor. El duelo, el sufrimiento, es inherente al amor, porque el Amor Incondicional lo envuelve Todo.
Este último eclipse del año se desenvuelve entre Magha nakshatra, regida por Ketu, y Shatabhija nakshatra, regida por Rahu. El Gran Ourobouros Cósmico, nos obliga a mirarnos con honestidad en la privacidad, y cómo nos presentamos en sociedad. El eje entre el “yo” y “el mundo”, el eje entre el deseo personal y el bien común.
Este eclipse detiene el tiempo un instante y nos invita a sentarnos en la oscuridad para sanar cualquier patrón de pensamiento que nos impide sentirnos merecedores de desear algo y perseguirlo. Siempre digo lo mismo, pero es una verdad encuerpada en mi propia experiencia, y es que, si de verdad nos alineamos con nuestro deseo más profundo, alquímicamente esto transforma nuestra vida entera y nos damos cuenta de que ese deseo “personal” siempre fue y será el deseo “universal” de lo sagrado, de lo divino, del ciclo natural y kármico por el que hemos nacido aquí y ahora.
Este eclipse cierra un cliclo. Será el último eclipse del año, y también, el último eclipse con Rahu en Acuario y Ketu en Leo. A partir de noviembre, la Serpiente Cósmica seguirá su recesión por el Zodiaco y las próximas lecciones serán entre el eje de Capricornio y Cáncer. Observamos y contemplamos qué lecciones se han ido encarnando en nuestras vidas en estos últimos 18 meses.
En esta lunación puede que Varuna y Shatabhija nakshatra nos ayuden a vislumbrar con claridad aquello que parecía oculto. Y es que en realidad, todo lo que merece nacer, crece primero en la oscuridad más absoluta: una semilla bajo tierra, un bebé en el útero materno, un aprendizaje psíquico en las aguas del inconsciente…
Que esta luna llena y eclipse lunar nos guíe a seguir sanando en la oscuridad.
Jai Mā!
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