
Tumbada al sol cómodamente en una hamaca observo la luz cegándome y dándome calor. Los últimos retazos del verano van evaporándose en cada una de mis gotas de sudor. Reflexiono sobre la paradoja de la existencia y cómo la liberación puede encontrarse perfectamente inmersos en la vida misma; en cada respiración, cada lágrima, cada sonrisa, cada vínculo, cada nacimiento y cada muerte.
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Luna y Sol se reencuentran una vez más en esta luna nueva y se abrazan en la cama matrimonial de Purva Phalguni, en el signo sideral de Leo. La noche oscura del mes nos invita a adentrarnos en el placer de simplemente estar vivos. El placer y la belleza, el vínculo dorado con la existencia, como mapa y como territorio, como guía para nuestros próximos pasos.
Siempre identifico de forma cariñosa a Purva Phalguni como el lugar del “daiquiri moksha”. Ese lugar del cosmos que nos invita a encontrar la liberación en el placer de la existencia misma. Tumbados en la hamaca estelar de Purva Phalguni, bebiendo el elixir de la consciencia, aprendemos a estar en el mundo de manera más íntegra en consonancia con nuestros deseos personales. Que, como siempre repito, si son los deseos sinceros de nuestro corazón, sin duda se alinearán con los deseos del Corazón Universal.
Purva Phalguni está regida por Bhaga, deidad de los vínculos, las relaciones, los contratos, del deseo, de aprender a convivir en relación con el mundo y disfrutarlo. Su poder es Prajanana Shakti, el poder de unir opuestos y procrear, entendido como el surgimiento del “tercero” cuando hay una dualidad yuxtapuesta. Ese “tercero” que envuelve y contiene todo. Obervador, lo observado y la observación misma. Sujeto, objeto, y consciencia de ello. Trika.
Los cielos van volviendo a una especie de equilibrio cósmico, con Sol en su propia casa en Leo, Venus en la suya en Libra y Mercurio en la suya en Virgo. La capacidad de relacionarnos y de discernir se visten de placer y ecuanimidad en integridad con nuestra propia esencia e identidad.
Es como si las estrellas nos recordaran esa sensación de volver a casa cuando uno ha estado lejos un tiempo indeterminado; de vacaciones, en el exilio, o incluso, perdidos. Qué mejor manera de comenzar septiembre, y pronto el otoño (en el Hemisferio Norte); es una vuelta al hogar.
Tras las grandes inundaciones emocionales durante los eclipses, ahora podremos notar que las aguas van volviendo a su cauce y los ríos empiezan a fluir con más calma, aunque al final, todos acaben siempre en el Gran Océano de la Consciencia, del que en realidad, nunca salieron. El agua es agua aunque a veces la veamos como gota, ola, mar, o lágrima.
Esta luna nueva, esta noche oscura, nos invita a acercarnos con amor al árbol de nuestra vida y comernos con placer sus frutos, con agradecimiento y con la consciencia de que estar plenamente absorto en el vivir, en el momento presente, abre las puertas a la Eternidad. La trascendencia se encuentra en cada semilla de inmanencia, aquí, ahora y siempre.
Jai Mā!
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