

40.
El 22 de julio cumplí 40.
Entrando en mi cuarta década de vida, mirando atrás, tanto ha cambiado, y a la vez, hay algo que no cambia nunca…
Ha sido un año duro, muy triste en muchos aspectos. Me he enfrentado a nuevas sombras, y a sombras muy conocidas, que aún me cuesta aceptar. Sigo caminando por ese abismo que, a pesar de estar acostumbrada a su oscuridad, siempre tiene algo nuevo que enseñarme. Y es que a mí, la luz me duele más.
Es una paradoja, porque cuánto más me rindo a lo que es y dejo atrás las ideas y sueños que tanto he perseguido y que ahora se marchitan, más sostenida me siento por Ella, la Vida, la Gran Madre. Y me doy cuenta de que en realidad estoy donde tengo que estar, en los brazos del Vacío-Lleno de Su compasión feroz e infinita.
Hace muchísimos años que no pido o deseo nada específico porque suelo dejarlo en Sus manos. Pero siento que este año especialmente he encuerpado esta práctica. No sólo no pido nada, sino que ya no me importa no saber hacia dónde voy. Como diría mi maestra, es el fruto y regalo de mi sadhana, y así lo siento. Siento una confianza tan profunda en este camino que puedo estar sentada perfectamente en la incomodidad de no saber. Que puedo sentarme con este sufrimiento esencial que me acompaña desde que tengo recuerdos, y ya no intento que se desvanezca. Ya no intento llenar ningún vacío, porque sé que el Vacío está Lleno, la oscuridad-luminosa del Gran Corazón. El sufrimiento existencial de mi alma, ese anhelo que tanto me quema por dentro, ese saberme completa y aún así no sentirlo siempre del todo, es mi camino. La oscuridad como faro. El anhelo como mapa. Su Amor Incondicional como camino, proceso, meta, principio y fin.
Que este nuevo umbral me recuerde una y otra vez lo que mi alma ya sabe; que nunca estoy sola y que todo es Su danza inmortal.
Jai Jai Mā! 🔻



