Luna Llena en Uttara Bhādrapadā, Piscis. Descendiendo a las profundidades del tiempo. 26/09/26.

Arte: Tùng Nâm (Lâm Tùng Nguyễn).

Cierro los ojos, abro el corazón y comienzo a descender hacia las profundidades del tiempo. Fragmentos de mí misma se van reflejando a mi alrededor en cada gota del océano. Confío en que esos retazos, de una manera u otra, siguen formando parte de mi memoria, aunque ahora ya no me pertenezcan. Recuerdo quién soy cuando me olvido de mí. Esa es la paradoja. 

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La luna llena ilumina el cielo nocturno desde el último signo del Zodiaco, Piscis, en la constelación de Uttara Bhādrapadā. Vislumbramos su máxima expansión en el lugar de la disolución. La vida se sostiene en la paradoja. El símbolo de esta nakṣatra es la pira funeraria que nos invita a reposar en el vacío que queda cuando algo ha finalizado. El sol ilumina la luna desde Virgo, desde Uttara Phālgunī nakṣatra, simbolizada por la cama matrimonial. La luna en el lugar de la muerte, el sol en el lugar de la concepción, ambas luminarias apuntando a la esencia de la realidad; que todo lo que existe lo hace en un equilibrio primordial. Es un momento de muerte simbólica tangible. Lo sentimos en nuestros cuerpos. Lo que ha muerto debe ahora regresar a la tierra, descender a las profundidades del tiempo y enraizar de nuevo ahí para descansar antes de un futuro renacer. 

Esta luna llena ilumina el camino de descenso hacia el pasado, abriendo el portal de los ancestros, Pitṛ Pakṣa. Esta quincena no nos pide arreglar, ni sanar, nada. Es un momento de pausa y reflexión, de mirar hacia atrás para observar honestamente aquello que hemos heredado. La vida nos pide a veces tomar responsabilidad sobre lo que es realmente nuestro, y también, con compasión, nos pide soltar aquello que nos ata a un ideal que no se corresponde con la integridad de nuestro corazón. Podemos agradecer aquello que vino antes que nosotros, y a la vez, podemos discernir qué es realmente nuestro para continuar construyendo nuestro propio camino y decir adiós y gracias a aquello que no lo es.

El poder de esta nakṣatra es varṣodyamana śakti, el poder de traer lluvia y a la vez, traer estabilidad. Podemos usar esto a nuestro favor y dejar que la lluvia de nuestro pasado, de nuestros ancestros, limpie y purifique nuestro presente, dejando que nuestras aguas vuelvan a su cauce natural que es el océano primordial. 

Ahirbudhnya es la serpiente de las profundidades, la deidad de Uttara Bhādrapadā nakṣatra. Es allí, en el abismo infinito que encontramos en cada descenso, donde nos posicionamos frente a frente con nuestra verdad. El miedo, la incomodidad, el anhelo, son todo puertas de entrada hacia el Ser. La totalidad del océano parece dividirse en cada ola, pero al final, es todo agua en diferentes grados de manifestación. Una y otra vez nos topamos con esta lección; nos encontramos con la unidad en la diversidad, con lo trascendente en lo inmanente. El amor divino que tanto anhelamos y creemos que está “allí afuera” es en realidad el amor más humano que podemos encontrar aquí y ahora; en nuestras vidas, en la cotidianidad sagrada de cada amanecer y cada atardecer.

Uttara Bhādrapadā nakṣatra está regida por Saturno, que a su vez, sigue retrógrado en Piscis. Saturno es un planeta que nos enseña a no huir del sufrimiento, sino a integrarlo. Sus lecciones se dan en la espiral del tiempo, donde el pasado se integra en el presente para poder abrir la puerta hacia el futuro. Saturno es disciplina, es responsabilidad, es tiempo, y nos ayuda a ser íntegros con nuestra propia voz, aunque a veces sea difícil dejar atrás la comodidad de escuchar otras voces. Saturno nos pide que confiemos en nuestros propios pasos y sigamos caminando porque el oro se encuentra al final en la herida, igual que el loto nace del lodo.

Venus y Mercurio se encuentran en Libra, un signo que nos habla de la belleza simbólica que se puede vislumbrar de lo que surge al poder sostener verdades que parecen opuestas. Libra es el lugar de nuestros vínculos, del “otro”. Es el lugar que nos refleja quiénes somos a través de nuestras relaciones con los demás. Venus y Mercurio juntos aquí nos invitan a indagar en nuestra manera de comunicarnos con el mundo que nos rodea, y a observar cómo nuestra percepción colorea nuestra mente, emociones, y al final, nuestras creencias, que serán la base de nuestras acciones. Aquí y ahora, nuestro discernimiento abraza nuestra capacidad de vincularnos, y es un momento propicio para reconocernos en los ojos de aquellos que nos miran.

Marte debilitado y Júpiter exaltado se encuentran en el signo de la Gran Madre, en Cáncer. De nuevo estamos jugando con las paradojas, nadando entre opuestos que se balancean. Creencias y motivación se encuentran aquí ayudándonos a contemplar con perspectiva el pasado, el presente y el futuro. Lo que creemos nos motiva a seguir adelante, nos da fuerza,valor, fe y confianza en que si escuchamos con discernimiento nuestros anhelos más profundos, los deseos del universo se manifestarán en nuestras acciones, y el miedo se convertirá simplemente en un compañero de viaje que nos empuja hacia adelante.

Esta luna llena nos invita a descender por la espiral del tiempo eterno. Nos invita a observar, contemplar y reflexionar sobre quiénes hemos sido, quiénes somos ahora y quiénes estamos en camino de ser. Y debajo de todo eso, en las profundidades del misterio, podemos encontrar el hilo conductor que nos susurra que siempre podemos volver al camino del corazón.

Feliz descenso.

¡Jai Mā!


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