Luna Nueva en Hasta, Virgo. Con las manos abiertas. 10/10/26.

Arte: Pierre-Maximilien Delafontaine, Venus y Cupido (detalle), 1860.

Con las manos abiertas suelto y a la vez recibo. Con las manos abiertas me inclino en agradecimiento al pasado. Con las manos abiertas me preparo para plantar la semilla del próximo amanecer. Con las manos abiertas aprendo, también, a abrir el corazón. Con las manos abiertas, en plena confianza y devoción, aunque tenga dudas, aunque tenga miedo, me arrodillo ante el misterio de la destrucción y la creación. 

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Existe un instante preciso en la matemática cósmica donde el acto de soltar y el acto de recibir se vuelven la misma cosa simbolizada en un mismo gesto: las manos abiertas. Este momento liminal ocurre bajo el manto de la luna nueva en Virgo, en Hasta nakṣatra, la constelación cuyo símbolo y significado se funden en una misma realidad: la “mano”. Esta lunación no es un inicio, o un final, cualquiera: coincide con el cierre de Pitṛ Pakṣa, el periodo sagrado para honrar a los ancestros y vaciar la memoria del pasado, y abre de inmediato las puertas de Navarātri, las nueve noches de Durgā, dedicadas a la fuerza primordial de la Diosa.

Tener las manos abiertas es la postura del alma ante este tránsito. Por un lado, es el gesto de desapego necesario para dejar ir lo que ya cumplió su ciclo ancestral; por el otro, es el cuenco perfecto para recibir energía renovada, protección y abundancia de la Gran Madre. Es también el gesto del anhelo profundo de unión, del anhelo de dejar de sufrir, del rezo profundo del alma cuando se encuentra sumida en desesperación, o en la devoción más absoluta. Con las manos abiertas pedimos lo que de verdad deseamos y nos arrodillamos ante el misterio de recibirlo o no, o recibirlo en el momento adecuado.

Luna Y Sol se unen en su abrazo cósmico bajo la mirada atenta de Savitṛ, deidad de Hasta nakṣatra. Savitṛ es el poder espiritual e invisible detrás del sol. El dominio de Savitṛ es en los periodos de transición: la profunda oscuridad antes del amanecer (cuando el universo se activa) y el crepúsculo después del atardecer (cuando todo es guiado de vuelta al descanso). El poder de Hasta es hasta sthāpanīya āgama śakti, la capacidad de poner sobre las manos lo que uno desea, el poder de manifestar y conseguir lo que se anhela. 

Esta luna nueva nos pide ser conscientes de lo que en realidad deseamos, antes de pedirlo y “luchar” por ello. La quincena ancestral nos ayudó a soltar aquellos anhelos que se habían grabado en nuestros patrones kármicos, pero que no eran nuestros realmente. Ahora es el momento de ver con claridad, en el Vacío-Lleno de la Cueva del Corazón Espiritual, qué quiere nacer a través de nosotros. La victoria de la Diosa en el décimo día de la luna creciente será el momento en el que ese deseo-semilla empiece a brotar. Anhelamos, deseamos en integridad y coherencia con quiénes somos ahora mismo, y soltamos la expectativa sobre cómo se manifiestan los resultados. Rezamos, pedimos, deseamos, y lo soltamos todo en el fuego ardiente de la Vida y Su inteligencia, Su momento, Su tiempo divino. ¡Svāhā!

Venus ha comenzado sus 40 días de descenso y ascenso; el viaje sagrado de su retrogradación que se repite cada 18 meses. Esta vez, el misterio nos envuelve en el signo de Libra, un retorno geométrico que ocurre solo cada 8 años. En su geometría sagrada, Venus muere y renace una y otra vez. Desciende y asciende. La conjunción inferior con el sol será el 24 de octubre, unos días antes de la próxima luna llena en Aries el 26 de octubre, en Aśvinī nakṣatra, la luna llena en la que bebemos la ambrosía de Lakṣmī. En esta ocasión, Venus pasa de ser la reina de la noche a convertirse en la reina del amanecer y será visible antes de los rayos del sol a partir del 29 de octubre. Este proceso de Venus nos recuerda que todo es cíclico, que incluso la bajada a los infiernos es un proceso momentáneo. El sufrimiento, al igual que la felicidad, son perecederos, cambiantes, mortales. La muerte no es otra cosa que un portal, un cambio, y se da en todos los aspectos vitales materiales y simbólicos.  

Mercurio acompaña a Venus en Libra; pronto iniciará allí su propia retrogradación en este signo de vínculos, relaciones, belleza, armonía y también justicia, sacrificio, devoción. Qué perfección los tiempos del cielo que nos ayudan a ver nuestros procesos de muerte simbólica reflejados en las estrellas. Mercurio será el que nos ayude a analizar, discernir e integrar estas lecciones de muerte y renacimiento.

Marte y Júpiter siguen nadando en las aguas de la Gran Madre. Nuestras creencias, filosofía de vida y valores están exaltados interiormente, pero nuestro valor y motivación para integrarlos y luego expresarlos externamente están aún en un proceso de pausa y contemplación.

Saturno desde Piscis sigue caminando hacia el final de este ciclo de 30 años por el Zodiaco. A partir de algunos meses del 2027, y luego el 2028, muchas cosas van a reflejar el cambio que ha estado haciendo Saturno aquí en el océano primigenio. Hasta entonces, Saturno nos pide cerrar puertas con la consciencia de que los finales son realmente necesarios, aunque a veces dolorosos, para poder imaginar un futuro en coherencia con quiénes somos en cada momento. Nos pide aprender a ser serios con nuestras prácticas, hábitos, patrones y decisiones. 

Esta luna nueva nos pide arrodillarnos ante el misterio de la vida, con las manos abiertas, en confianza, aunque a veces no sepamos exactamente hacia dónde caminamos, sabemos que el Corazón nunca se va a equivocar. 

¡Jai Mā!

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Si quieres saber cómo se reflejan los movimientos celestes en tu cuerpo, mente, corazón y circunstancias, puedes contactarme para una lectura astral de carta natal completa o para consultas de seguimiento. Mi agenda está abierta hasta abril de 2027. Muchas gracias.


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