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  • En el veneno está la cura; luna llena en Ashlesha, Cáncer, 12 de febrero de 2025

    Mokshapath, el juego indio Serpientes y Escaleras. 
    Fuente: https://www.indiadivine.org/mokshapat-the-hindu-origin-of-snakes-and-ladders/

    La luna llena asoma con mucha fuerza en la nakshatra de Ashlesha, en el grado 29 de Cáncer sideral, en ese punto entre un signo de agua y otro de fuego que llamamos “gandanta”; un nudo kármico que tiene el potencial de revelar que el momento es perfecto para transmutar cualquier veneno en medicina. 

    La palabra Ashlesha viene de la raíz sánscrita “shlish” que puede traducirse como abrazar, entrelazar, unir. Esta mansión lunar está formada por seis estrellas en la cabeza de la constelación de Hidra, que hace alusión a la gran serpiente mitológica de múltiples cabezas del lago Lerna (una de las puertas de entrada al Inframundo/Hades) que fue vencida finalmente por Heracles en el segundo de sus doce trabajos. Este mito griego me recuerda mucho a la historia del demonio Raktabija narrada en el Devi Mahatmyam. Cada vez que Heracles le cortaba una cabeza a la serpiente, otras brotaban, de la misma manera en la que de cada gota de sangre que perdía Raktabija surgía otro demonio, hasta que Kali-Chamunda acaba bebiendo toda la sangre para que Durga pudiera vencerle definitivamente cortándole la cabeza.

    La constelación de Hidra, para los babilónicos, representaba al dragón del dios Marduk llamado Mushhushshu. Desde tiempos inmemoriales los cielos han servido como hoja en blanco para plasmar la simbología de nuestros procesos internos en simbolismos estelares. 

    Las serpientes, los dragones, los demonios, los seres sin luz, las criaturas que viven en el Inframundo de nuestras psiquis tienen su tiempo y su lugar. Brotan a la superficie cuando estamos preparados para observarlos frente a frente. En los mitos acaban vencidos por los héroes y heroínas cuando cortan sus cabezas, cuando eliminamos la identidad que habíamos adscrito a ellos sin antes escuchar la voz del Observador original, nuestro Ser en su estado esencial. El observador y lo observado, en esencia, son lo mismo, pero a veces nos olvidamos. Olvidar y recordar son partes del proceso, y es la magia que mantiene el vaivén de la experiencia viva. Nos piden integración a través de la transmutación alquímica de nuestra percepción. Y la percepción transformadora siempre surge del corazón, no de la identidad. 

    La sangre parece ser un símbolo para esta luna llena también. Desde la perspectiva de la astrología ayurvédica, la luna, que rige el signo de Cáncer, representa Rakta dhatu, uno de los siete “tejidos corporales” que en este caso es la sangre; mientras que el planeta Mercurio, que rige a Ashlesha, representa Rasa dhatu, el plasma, las aguas del cuerpo. El fluir esencial por nuestras venas, por nuestros cuerpos, son los ríos, los mares, los océanos, por los que navegan las respuestas.

    La deidad que rige Ashlesha son los Nagas, las serpientes semidivinas que viven en el mundo subterráneo, en el Inframundo, en las sombras. Una de las serpientes más famosas de los mitos puránicos es la gran Adi Shesha, serpiente de múltiples cabezas enroscada sobre el océano primordial en la cual está recostado Vishnu/Narayana, de cuyo ombligo surge un loto con Brahma sobre él para crear el mundo. Porque Adi Shesha está allí sosteniendo a Vishnu/Narayana al final y principio de cada existencia, éste puede soñar el mundo (por la gracia de Maya Shakti, por supuesto). Sin Adi Shesha, nada podría nacer de la chispa creativa que surge del descanso profundo, de la vacuidad, de ese vacío-lleno, completamente lleno de toda posibilidad.

    En la gran batida del océano de leche (Samudra Manthan), otro mito puránico, los devas y los asuras enroscan a Shesha alrededor del monte Mandara/Meru para poder batir el océano en busca del amrita, el elixir de la inmortalidad. De esta batida lo primero que surge es el halahala, un veneno tan potente que es sólamente el gran Shiva el que puede tragarlo y con la ayuda de Parvati (a veces Kali), sostenerlo en su garganta y transmutarlo. Es sólo después de transmutar alquímicamente nuestras sombras que podemos llegar a alcanzar el remedio, la cura, el elixir inmortal; la integración. 

    El símbolo de Ashlesha es una serpiente enroscada, que en seguida podemos asociar con el simbolismo con el que se representa a Kundalini Shakti. Sé que lo que nos llega muchas veces la representa como una serpiente enroscada en la base de la columna, pero algunos textos, la colocan en el asiento de la cueva del corazón espiritual. Allí siento que es donde realmente descansa, duerme, se despierta, se desenrosca, y siempre vuelve.

    En esta luna llena siento la necesidad de compartir el simbolismo desde mi propia biografía. Me doy cuenta de que mis procesos, mi dolor, lo que oculto, es también el dolor del mundo. A lo mejor si comparto puedo verlo más claramente, sentirlo completamente, y a la vez, sentirme sostenida. Darle voz, y dejar que el mensaje siga su propio recorrido. Quién lo lea, lo entenderá desde su propia perspectiva. La voz, una vez libre, sigue su propio recorrido, su propia historia, su propio mito…

    Tornar el sufrimiento en mi mito personal parece ser la única solución. Con los años me he dado cuenta de que mi camino tiene mucho que ver con esto. He pasado por diferentes transiciones que me han abierto los ojos, y sobre todo el corazón, a la respuesta que tanto ansiaba a esa pregunta eterna: ¿de qué sirve vivir si hay sufrimiento? ¿Por qué existe el sufrimiento, el dolor? ¿Hay necesidad realmente de eliminarlo? En otra época, otra yo creía que sí. Creía que trascender el mundo era la respuesta. Que el dolor y el sufrimiento eran simplemente una pantalla más que ganar, que superar, en el videojuego de la vida. Y Ella, la Vida, es muchísimo más sabia que yo. Con el crecimiento interior me he ido dando cuenta de que trascender no es la respuesta. Sólo era otro peldaño más en mi escalera. Serpientes y escaleras. El gran teatro de la vida.

    Sufrir de lleno en la materia, en lo inmanente, sufrir por sufrir, rebozarme en ser víctima, o mártir, tampoco fue la respuesta. El péndulo se descolgó tanto hacia el otro extremo que me hundí en las tinieblas. Frente a frente con el Vacío, de pie en el umbral de las puertas del Inframundo decidí lanzarme de lleno hacia lo desconocido. Y he estado cayendo desde entonces.

    La magia está ocurriendo. La siento. La siento naciendo en las profundidades. Veo el péndulo a punto de detenerse en el centro. Al final, la pausa, siempre llega. Igual que la anterior luna nueva del silencio. Igual que entre cada inhalación y cada exhalación. Esa pausa se convierte en sostén. El tiempo se detiene. No estoy en ninguna parte, pero se ha abierto la puerta a estar en todas. Desde el aquí presente, en la eternidad, lo inmanente se vuelve trascendente, lo trascendente se vuelve inmanente…

    Y la respuesta va llegando…. 

    Deslizándose como esa serpiente que trepa por la columna vertebral que ha sido, y es, mi vida. Desenroscándose lentamente, a su ritmo. Respirándome. Deshaciéndose, deshaciéndome, de la piel que ya no sirve, que ha muerto, que protegía, que escondía, ocultaba, y que ahora se convierte en fermento, en compost, en el final y comienzo de otra historia.

    La serpiente va girando cerraduras a su paso. Dejando umbrales y portales entreabiertos, como cuando despertamos al amanecer con el sol acariciándonos el rostro y sabemos que la luz ha llegado; entreabrimos lentamente los ojos.

    Aún no puedo atravesar ciertas puertas. ¿O no quiero? Qué más da si es poder o querer si el tiempo aún no es el correcto. Aquí, cayendo, y a la vez confiando, me encuentro una y otra vez. Me recuerdo. Reconstruyo lo destruído, con otra forma, con otro nombre, con otro rostro, con otra piel, pero la misma esencia… La caída se torna camino en sí mismo. Ya no necesito agarrarme, ni aprender a volar, ni tampoco necesito tocar fondo. Cuando se pierde el sentido del espacio y del tiempo, ya no hay arriba, ni abajo, sólo centro. 

    Entonces, ¿estoy cayendo realmente?

    Soy quién soy ahora, y si lo soy completamente, soy Nada, y soy Todo. 

    Esa es la respuesta. Que no la hay.

    Que mañana, pasado, en tres años, en diez, cuando el péndulo vuelva a fluctuar, todo volverá a cambiar, porque la perspectiva del que mira cambia. El sujeto y el objeto se funden en la experiencia misma. Qué más da, si todo ES Todo, y ES Nada.

    Tornar el sufrimiento en algo, en lo que queramos, es un camino. El camino de otorgar al proceso su significado profundo. Mi sufrimiento elige tornarse en palabra, en mensaje, en símbolo. Este es sólo un camino. Uno sólo. Hay infinitos. Dejemos que la Vida nos recuerde, nos susurre, cuál ha sido siempre el nuestro…

    Muchas gracias como siempre por acompañarme y os deseo una luna llena vacía de respuestas para sentir profundamente el poder de las preguntas. Que nuestros venenos sean siempre la medicina que siempre habíamos buscado.

    Para más detalles mitológicos, simbólicos y astrológicos sobre esta potente luna llena de la transformación, puedes ver mi vídeo completo en YouTube. 

    Jai MA!

    Danah

  • Silencio; luna nueva en Shravana, Capricornio, 29 de enero de 2025

    Ilustración de Marvin Bileck del libro “All About The Stars”.

    Silencio.

    El silencio es la base de la escucha profunda. Encontramos el sustento en el Vacío. Porque nada está en realidad vacío, sino lleno de posibilidades, de probabilidades danzando en la matriz. Todo es conciencia en diferentes grados de manifestación de energía, diferentes grados del tremor original, de la vibración base que da forma a la multiplicidad para que podamos reencontrarnos con la unidad en la diversidad.

    Dicho de manera filosófica, encontramos y sentimos la no dualidad desde la dualidad. Más bien, la recordamos. Nos recordamos. Unimos nuestras partes desmembradas creando y recreando nuevas formas que se van adaptando al tiempo y espacio que nos toca habitar. Todo ello ocurre en las sombras, en esa Materia Oscura que ni la ciencia puede explicar, pero sabe, que está llena y no vacía. La oscuridad luminosa del Ser. Llegamos a lo trascendente desde lo inmanente, no negándolo. Shakti es el rostro de Shiva. 

    Sol y Luna danzan en el cielo haciendo de espejo a esta interacción de conciencia y energía, a este baile primordial que no sólo ocurre allá arriba, sino aquí adentro, profundo, en el abismo del Ser. Los planetas y las estrellas no están fuera de nosotros, sino que forman parte de un Todo que se percibe en diferentes grados de manifestación. Somos el océano, pero creemos ser sólamente una gota de agua. 

    El 29 de enero tenemos una luna nueva en la nakshatra de Shravana, conocida como “la estrella de la escucha”. Es una nakshatra que está formada por tres estrellas en la constelación Aquila que incluímos dentro del signo zodiacal de Capricornio (Alpha Aquilae/Altair, Beta Aquilae/Alshain y Gamma Aquilae/Tarazed). Capricornio está regido por Saturno, el gran maestro del sacrificio consciente y del servicio, y la parte del cuerpo que representa a este signo son las rodillas. ¿Frente a qué nos arrodillamos? ¿Nos arrodillamos en devoción profunda hacia algo? ¿Nos arrodillamos en agradecimiento hacia la belleza del caos en constante creación? 

    Esta nakshatra es conocida como la estrella de nacimiento de Saraswati, y se la asocia al conocimiento profundo del mundo y de uno mismo a través de la escucha del sonido primordial que es el no-sonido, a través de lanzarnos a contemplar el silencio. De hecho, a esta luna nueva de este mes se la conoce como Mauni Amavasya, la luna nueva del silencio. Esta luna nueva nos invita a entrar de lleno en los mares de la inspiración a través de lanzarnos sin temor al abismo. Es en ese dejarnos caer que sentimos que la vida nos sustenta. Cada paso que vamos dando va formando el camino, aunque no lo veamos, aunque no seamos conscientes de ello, el corazón sabe muy bien cómo seguir su anhelo.

    La deidad que rige Shravana es Vishnu, y su símbolo son tres huellas, haciendo una conexión con la historia de Vamana, el avatar de Vishnu como enano. Disfrazado de brahmán va a la corte del rey asura Bali que ha ganado la batalla contra Indra, el rey de los devas, y está creando caos en el universo. Por supuesto Vishnu viene a restaurar el equilibrio, como es su función de mantenimiento en la Trimurti (Brahma-creación, Shiva-disolución, Vishnu-mantenimiento). Bali le ofrece lo que quiera, en su arrogancia de creer que lo posee todo, y Vamana le pide un trozo de sus tierras que pueda ocupar en tres pasos. Todos en la corte se ríen por el tamaño de Vamana, y Bali le dice que sí, a pesar del consejo de su gurú Shukra (que es Venus, el gurú de los asuras). Vamana entonces se hace gigante para ir dando los tres pasos que le han sido ofrecidos; con el primero ocupa la tierra, con el segundo los cielos, y el último paso le pregunta a Bali dónde colocarlo. Éste, sintiendo la humildad volver a él, le pide colocarlo sobre su propia cabeza, y de ese modo lo libera, y Bali acaba reinando en el Inframundo, Patala Loka, mientras el resto de los mundos vuelven al equilibrio de los devas bajo el reinado de Indra. 

    Algunos autores asocian el simbolismo de esta historia con los tres estados de conciencia de algunas escuelas filosóficas (despiertos/jagrat, soñando/swapna, y sueño profundo/sushupti) y con el cuarto estado más allá de los tres (estado trascendental/turiya). El Kaula Trika Tantra también añade un quinto estado (turyatita) más allá de todos estos, y a la vez parte de ellos, donde lo trascendente e inmanente se fusionan e integran todo, lo envuelven todo, abriendo la puerta a la posibilidad, no sólo de encontrar lo divino en lo cotidiano, sino de recordarse a uno mismo divino. Para adorar a Shiva/Shakti hay que ser Shiva/Shakti, diríamos los tantrikas.

    El poder de Shravana es Samhana Shakti, el poder de conectar con otros, porque es sólo a través del conocimiento y conexión con uno mismo primero que podemos conectar con el mundo que nos rodea. Cuando hacemos el gran trabajo de caminar hacia el centro de nuestro Ser con intención de conocernos, de recordarnos, encontramos allí dentro el vacío-lleno, el silencio que al final lo envuelve todo y nos conecta a todos. Aprendemos a escuchar las olas del océano primordial y a reconocer que nunca están separados.

    Esta luna nueva nos pide prestar atención a lo que está más allá. A leer entre líneas. A escuchar lo que no se dice. A detenernos en los espacios entre las notas. A flotar en el sustrato que sustenta la manifestación, como el silencio sustenta la música. Nos invita a contemplar los silencios que surgen espontáneamente, y aquellos que son forzados. Nos invita a reflexionar sobre nuestra manera de expresarnos, y de escuchar a los demás. Esta luna nueva es la llave hacia percibir la realidad desde diferentes puntos de vista, y puede abrir la puerta de par en par hacia el reconocimiento interno de ser quiénes siempre hemos sido; todo y nada. 

    Puedes ver mi vídeo en mi canal de YouTube para más información astrológica y simbólica de los demás planetas y sobre esta luna nueva en Shravana.

    Muchas gracias por leerme y acompañarme, y os deseo a todos mucho silencio para poder escuchar la voz de vuestro corazón, en concordancia con el corazón universal. 

    Jai Ma!

    Danah

  • Retorno a lo esencial; luna llena en Punarvasu, Géminis, 13/14 de enero de 2025

    Hilma af Klint, Buddha’s Standpoint in the Earthly Life, 1920

    La primera luna llena del año se dará con la luna en Géminis y el sol en Sagitario. La luna se encontrará en la nakshatra de Punarvasu conocida como “el retorno de la luz”, y formada por las estrellas Cástor y Pólux (alpha y beta Geminorum). 

    Punarvasu está regida por la deidad Aditi, la Gran Madre Universal, madre de los devas; es la matriz cósmica infinita que se multiplica a través de fractales. Ella está en todo, cada parte que existe es Ella en su esencia. 

    El símbolo de Punarvasu es un arco y un carcaj lleno de flechas, simbolizando la idea de que al lanzar la flecha, ésta debe eventualmente volver a su lugar. Como nosotros, que al final lo que buscamos, es volver al Hogar. Volver a sentirnos sustentados en el regazo de la Gran Madre. Volver a sentir que en cada parte de nosotros que parece distanciarse del centro se encuentra en esencia el Todo. Volver a sentirnos completos en nuestra impermanencia y multiplicidad. 

    La habilidad y capacidad de ganar riquezas está asociada a esta nakshatra a través de su ”poder”, Vasutva Prapana Shakti. Qué significa “ganar” y qué significa “riquezas” sólo podemos discernirlo cada uno. Aquí podríamos decir “ten cuidado con lo que deseas” y sería un buen momento para poner orden en el corazón. Para poder escuchar ese susurro, necesitamos estar en un espacio mental en el que las demás voces que nos rigen puedan silenciarse, aunque sea temporalmente. 

    Estos tiempos nos piden mucha calma y habilidad de ver con claridad, y para ello, no hay nada mejor que hacer un ejercicio consciente de ordenar nuestras prioridades y retornar a lo esencial. ¿Qué es lo esencial para tí? Respirar bien, cuidar nuestros silencios y nuestros descansos, poner límites y cumplirlos, nutrirnos del alimento y la información de manera adecuada, mover el cuerpo, observar la mente… Es el momento de cumplir poco a poco con aquello que uno considere los pilares fundamentales para su paz mental, emocional y física; y no, no hay que hacerlo todo, ni todo a la vez, sino volver a lo esencial, tomarnos las cosas con tranquilidad, elegir una prioridad y pasar tiempo con ella cada día.

    El planeta que rige Punarvasu es Júpiter, y el que rige Géminis es Mercurio. Ambos planetas nos hablan de sabiduría en distintas perspectivas. Mercurio rige el saber analítico, la inteligencia de la experiencia de ir aprendiendo según caminamos, relacionando acontecimientos, la capacidad de discernir y elegir en integridad. Júpiter nos habla de la sabiduría que nace de las creencias más profundas que albergamos. Nuestra filosofía de vida, nuestra moral y ética, nuestra relación con lo que creemos que es divino. En realidad, ambas formas de conocimiento se van complementando y transformando. Lo que creemos creer cada día va dando forma a nuestras decisiones, acciones, y hábitos que se acaban convirtiendo en nuestras características diferenciales. Pero, tenemos una ventana de tiempo ahora perfecta para observar la raíz de todas estas creencias y cambiarlas si es lo que deseamos.

    Durante la luna llena, Mercurio, que rige Géminis, se encuentra junto al sol en Sagitario. Mercurio aquí nos ayuda a investigar de dónde surge la base para nuestras creencias profundas. Júpiter, que rige la nakshatra de Punarvasu y Sagitario, se encuentra aún retrógrado en Tauro. En unos meses se moverá hacia Géminis, por eso es una buena oportunidad para seguir transformando nuestra cotidianidad a través de pequeños cambios que sean verdaderamente sustentables en el tiempo. Es mejor hacer un pequeño cambio de hábito (como empezar el día tomando 5 respiraciones conscientes) que intentar hacer muchos cambios grandes todos a la vez. La llave está en nuestro compromiso y voluntad, y siempre será más fácil si ese compromiso está basado en un deseo propio, que eventualmente nos llevará hacia la integridad con uno mismo.

    Saturno y Venus se encuentran juntos en Acuario, creando mucha energía alrededor de los temas de encontrar nuestro valor y nuestro lugar en la comunidad y en el sistema que hemos creado y del que formamos parte, dónde pertenecemos y cómo. También nos ayudan estos planetas a observar dónde no pertenecemos y debemos poner límites. 

    Marte sigue retrógrado en Cáncer, el guerrero obligado a descansar y a calmar la mente para trazar sus acciones futuras asentadas en cambios presentes internos que serán luego el motor de nuestros pasos.

    El sol entrará en Capricornio (Makara Sankranti) el 14 de enero, y por tanto, el 16 de enero, Marte y Sol estarán en una oposición exacta. Estos días con la luna llena seguida de estos aspectos planetarios nos piden hacer pequeños cambios anclados en lo que podemos controlar, para dejar que aquello que no podemos controlar siga su rumbo adecuado. 

    Simbólicamente, lo que este tiempo nos pide es discernimiento de nuestras prioridades. Desde esa base partimos para volver a lo esencial. Agradecer lo que ya tenemos, en vez de siempre buscar la novedad. Respirar con calma, disfrutar de los pequeños placeres, de la compañía de quién queramos tener a nuestro alrededor. Decimos “no” a aquello que nos saca de nuestra propia integridad, y damos pequeños pasos hacia ese reconocimiento de que la eternidad está al final siempre contenida en cada instante.

    Muchas gracias por leerme y acompañarme. Podéis ver mi vídeo sobre esta luna llena en mi canal de YouTube. 

    ¡Feliz luna llena, feliz retorno a lo esencial y feliz 2025!

    ¡Jai Ma!

  • La búsqueda insaciable; luna llena en Mrigashira, Tauro, 15 de diciembre de 2024

    Imagen del manuscrito persa Kitab-i viladat-i Iskandar/Libro de nacimiento de Iskandar/Horóscopo de Iskandar, 1411, Shiraz, Irán, por el astrólogo del príncipe Iskandar; Wellcome Collection, London.

    A mediados de mes nos recibe en el cielo una brillante luna llena, la última de este año 2024. El sol desde el grado 29º de Escorpio sideral lanza sus rayos iluminando a la luna que se encuentra en el grado 29º de Tauro sideral, en la nakshatra de Mrigashira, “la estrella de la eterna búsqueda”. Su nombre significa “cabeza de ciervo” que viene de la raíz en sánscrito “mrig” que significa “buscar” y la palabra “mriga” que significa “ciervo”, y cuyo símbolo es literalmente la cabeza de un ciervo. Las estrellas que forman Mrigashira son Beta Tauri, Lambda Orionis (Meissa) y Gamma Orionis (Bellatrix).

    La luna llena en este lugar ilumina la pregunta: ¿qué estamos buscando realmente? Parece que siempre estamos en busca y captura de algo. Algunas personas están en busca de aquello que les vaya a dar la paz o la felicidad eterna. Otras personas buscan incansablemente quiénes son en realidad debajo de todas las capas de creencias que se han ido acumulando a lo largo de la vida. En general, los seres humanos buscamos y no nos saciamos. Muchas veces buscamos esa felicidad en lo externo, en personas o cosas materiales, y cuando no cumplen ese objetivo, los desechamos. Buscamos en los libros, en las estrellas, en las personas. Buscamos en el pasado, en la mente, en la imaginación. Buscamos en los cursos, en la información, en la razón. Buscamos, buscamos, buscamos…. Y ¿cuándo integramos realmente todo lo que encontramos, si no nos dejamos espacio y tiempo? Es la adicción a la búsqueda, a lo nuevo, lo que muchas veces nos mantiene en esta vorágine. Si paramos un momento, a lo mejor nos damos cuenta de que no hay nada qué buscar. Y eso, da mucho miedo, mucho vértigo. Da miedo reconocer que lo que creíamos querer, lo que creíamos ser, cómo creíamos que éramos, ya ha muerto. Da miedo darse cuenta de que hemos seguido viviendo poniéndonos una máscara. Pero todo lo que muere está condenado a renacer, de otro modo, con otro rostro, está condenado a transformarse. 

    La deidad que rige Mrigashira nakshatra es Soma. Una de las deidades más antiguas ya mencionadas en los Vedas, asociada al elixir de la inmortalidad llamado soma o amrita. Soma, más tarde, se asociará también al dios lunar Chandra. ¿Estamos buscando la inmortalidad? ¿Estamos buscando siempre estar bien, siempre estar felices, que no ocurra nada “negativo”? Esta luna nos puede ayudar a ver claramente dónde tenemos puestas nuestras esperanzas, si es en ilusiones que son imposibles en un mundo encarnado dual. 

    No puede existir “lo positivo” sin “lo negativo”. Cuando buscamos insaciablemente algo que nos llene porque nos sentimos vacíos, o cuando buscamos desde el prisma de nuestros deseos y anhelos inconscientes, podemos caer en la trampa de encontrar exactamente lo que creíamos que íbamos a encontrar. Pero si buscamos con la mente abierta, si buscamos simplemente por el placer y la curiosidad de conocernos más profundamente, puede que lo que encontremos nos sorprenda. Puede que lo que encontremos sea una nueva manera de vislumbrar el mundo y esta mirada nos ayude a vivir un poco más en paz en medio del caos diario, que es igual de necesario que la paz, para que todo siga existiendo.

    El planeta regente de Mrigashira es Marte, dotando a este lugar del cielo de la motivación necesaria para ir en busca y captura de lo que uno desea. A la vez, si nos sentimos abrumados con todo lo que “creemos que debemos hacer”, sobre todo en estas fechas, podemos entenderlo desde el punto de vista de Marte que se encuentra debilitado en Cáncer, nadando obligado en las aguas de la Gran Madre, queriendo salir y perseguir lo que anhela, cuando en realidad es el momento de aprender a descansar.

    No es una energía tan favorable para todos aquellos que sientan la obligación de estar hacia afuera en estas fechas, de organizar reuniones, de consumir sin ningún control, de ser responsables de la “felicidad” de otros. Porque en realidad, eso es siempre una ilusión que nos auto imponemos, seguramente basada en la necesidad de ser aceptados en comunidad. Nadie puede ser responsable del bienestar ajeno, por mucho que lo intentemos. Eso es lo que nos pide este momento, a discernir lo que hacemos por obligación inconsciente, o por amor y en integridad.  Aprender a decir “sí” desde el corazón y no por obligación es la lección. Es un tesoro poder compartir momentos con aquellos que amamos, pero debe surgir del deseo real, no de la obligación impuesta, incluso a veces, por nuestro propio inconsciente y sus patrones.

    La shakti o poder de Mrigashira es Prinana Shakti, el poder de dar alegría y satisfacción. En estos momentos del año, cuando el ciclo nos llama a analizar los últimos meses y cuánto hemos crecido y cambiado, podemos apoyarnos en esta shakti para encontrar la satisfacción y el agradecimiento en los momentos que podemos compartir con los demás. Es una paradoja que esta nakshatra nos hable de buscar y buscar y buscar incansablemente, cuando en su esencia existe esta shakti que nos habla de estar en paz, de estar satisfechos, y podemos usar esta energía a nuestro favor. No intentemos comparar nuestra vida con la vida de los demás, no intentemos hacer más de lo que realmente queremos hacer (y podamos realmente hacer en estos tiempos donde el cansancio está alto, y los recursos bajos). El mundo ya nos está siempre confundiendo tratando de vendernos necesidades inexistentes para ser felices, cuando lo que realmente anhelamos es compartir un poco de tiempo, ese tiempo que todos tenemos limitado, con aquellos que amamos. 

    ¿Qué estamos intentando conseguir llenando nuestras casas de cosas y mesas de comida y bebida infinita? Lo que buscamos en ese llenar y llenar lo encontramos en realidad en el vacío. Es en ese silencio, en ese momento de entender que la búsqueda en sí misma es el camino, que no hay meta, que buscar es lo que llena, donde nos podemos empezar a sentir más ligeros. En el abismo, en el coraje y la honestidad de mirarnos sin adornos. Lo que casi todos anhelamos es sentirnos escuchados, sentirnos vivos a través de la mirada del otro, sentirnos aceptados y abrazados por nuestros vínculos, y por la vida. Sentirnos en plena aceptación de quiénes somos, por lo externo, y sobre todo, por nosotros mismos. 

    La luna en Tauro está regida por Venus, que se encuentra ahora mismo en Capricornio, y el sol en Escorpio está regido por Marte, que se encuentra debilitado en Cáncer. Venus y Marte están en oposición directa, al igual que lo están Luna y Sol. Tauro y Escorpio nos hablan de encontrar confort en el propio miedo, y Capricornio y Cáncer nos hablan de tomarnos en serio la búsqueda de aquello que trae paz a nuestro hogar interno. Mercurio, durante el momento de la luna llena, se encuentra en conjunción con Sol en Escorpio, mientras que Júpiter se encuentra en conjunción con Luna en Tauro. Mercurio y Júpiter en oposición nos hablan de prestar atención a nuestras grandes creencias y filosofías en las que nos basamos, y cómo utilizarlas de manera práctica en el aquí y ahora. El conocimiento analítico y del discernimiento frente a frente con el conocimiento más abstracto.

    Unas horas después de la luna llena, la luna entrará en Géminis, y el sol en Sagitario, mientras que Mercurio irá saliendo de su retrogradación. Este momento de la luna llena es como una culminación de energías que han estado acumulándose y que van empezar a salir al exterior, a veces, de manera explosiva. Si durante la retrogradación de Mercurio hemos callado mucho de lo que queríamos decir, puede que cuando la luna entre en Géminis, y Mercurio ya no esté retrógrado, empiecen a salir todas las palabras que habíamos intentado enterrar (un poco peligroso si lo unimos a lo que comentaba antes de hacer cosas por obligación y reunirnos en ambientes que en realidad, no nos llenan sino que nos drenan).

    Si durante este pasado mes hemos estado buceando en los abismos en busca de sombras del pasado, puede que cuando el sol entre en Sagitario podamos traerlas a la superficie para poder integrarlas, y que conformen nuestras nuevas formas de ver y nuestras nuevas creencias, y al principio, ver la sombra tan claramente no es fácil, y esto puede sumarse a la ansiedad y sensación de abrumación con la que este mes cuenta de por sí. 

    Por todo ello, más que nunca, es tan importante escucharse a uno mismo y tomarse el tiempo (o los tiempos) necesario(s) para descansar, respirar, observar, tomar decisiones desde un lugar de calma en vez de desde un lugar de frustración. Si no somos íntegros con nosotros mismos, con este clima astrológico, la sensación que seguramente generemos sea el calor del resentimiento. 

    Ese resentimiento culmina en culpar a todo y a todos de aquello que “no nos hace felices”, cuando en realidad, eso sólo está en nuestras propias manos (obviamente no hablo aquí de los problemas sistémicos que también son culpables de que no podamos encontrar la paz ni la felicidad personales si todo a nuestro alrededor es corrupto y movido por intereses políticos y económicos que nunca tienen al bien mayor como su meta…). A lo que me refiero es que si hacemos algo porque queremos y deseamos, no sentimos el peso ni la frustración que sí viene con aquello que hacemos porque nos sentimos obligados. Simplemente. Y hacerlo o no hacerlo, eso sí está en nuestras manos. 

    El mapa celeste puede convertirse en un aliado, o en un enemigo. No podemos justificar todo lo que hacemos, ni todo lo que somos, basándonos en algo externo. Al final, en el centro de la cueva del corazón, en silencio, en la soledad que acompaña al infinito, en el tiempo y espacio eternos, es donde realmente encontraremos lo que siempre hemos estado buscando: cada uno sabe lo que es para sí mismo. 

    Feliz luna llena, que esta luna en Mrigashira y todas estas energías estelares y planetarias nos ayuden a encontrar una forma en la que la búsqueda en sí nos sacie y podamos descansar en el caos necesario para todo renacimiento.

    Para más información astrológica y simbólica sobre esta luna llena en Tauro sideral, puedes ver mi vídeo completo en mi canal de Youtube.

    Muchas gracias por acompañarme una vez más. 

    Jai Ma!

    Danah

  • Hacia un anhelo devocional; luna nueva en Anuradha, Escorpio, 1 de diciembre de 2024

    Arte por Olivia Fraser, “The Golden Lotus”, 2017. 
    Fuente: https://www.grosvenorgallery.com/exhibitions/101/works/artworks-1817-olivia-fraser-the-golden-lotus-2017/

    El día 1 de diciembre (a las 7:21 Madrid, España) se unen en el cielo Sol y Luna en la mansión lunar de Anuradha, en Escorpio. Anuradha nakshatra está formada por tres sistemas estelares en la constelación de Escorpio: Beta Scorpii (Acrab), Delta Scorpii (Isidis/Dschubba) y Pi Scorpii. Conocida como “la estrella del éxito”, el poder de Anuradha es Radhani Shakti, el poder de la devoción y la adoración. Como su propio nombre indica, está asociada al amor incondicional y divino que profesa Radha por su amado Krishna. Las circunstancias de sus vidas les mantienen casi siempre separados. Ella, casada, mortal, y él, un príncipe, y un avatar de Vishnu cuyo dharma siempre es el mantenimiento del orden cósmico y universal. Esa separación crea anhelo, y ese anhelo de unión con el amado es una fuente inagotable de devoción pura. Es una de las puertas de acceso al amor divino, al amor incondicional real. Cuando se unen, todo el universo tiembla y forma parte de la danza del éxtasis divino; embriagados del néctar dulce que brota de sus corazones. 

    Hace 6 meses tuvimos una luna llena en este mismo lugar, la luna en Escorpio y el sol en Tauro. En ese momento, el mapa celeste nos hablaba de encontrarnos frente a frente con el deseo que debía convertirse en el camino de nuestra devoción. Hoy, la luna se une con el sol creando esta luna nueva, ya no están separados uno frente al otro. Hoy, esa danza extática entre Radha y Krishna, su Rasa Lila, refleja la danza del cosmos y la unión divina de Shiva (el sol como prakasha, luz de la conciencia) y Shakti (la luna como vimarsha, la conciencia autorreflexiva).

    La deidad que rige Anuradha es Mitra, una deidad solar védica que rige sobre la amistad y la lealtad. Se le considera uno de los adityas, hijos de Aditi. Se suele hablar de 12 adityas como representaciones de 12 facetas diferentes del sol. En los Vedas, Mitra aparecía siempre en tándem con Varuna, y es casi imposible separar sus funciones. Ambos regían sobre la tierra y los cielos, sobre los ríos y los océanos, sobre las rutinas y los ciclos. Podían controlar el clima, hacer que el sol saliera, o que el cielo se cubriera de nubes y cayera la lluvia. Con el tiempo, Mitra comenzó a ser asociado con el sol del amanecer, y a Varuna cada vez más con la noche y la oscuridad como regente de los océanos terrestres y celestiales. El conocimiento de Mitra y Varuna casi siempre provenía de fuentes secretas y misteriosas. Todo ello ata muy bien con los temas arquetípicos que solemos asociar a Escorpio, el signo místico y enigmático por excelencia, donde lo oculto se convierte en fuente de inspiración.

    Uno de los símbolos de Anuradha es el loto, recordándonos que a veces debemos pasar por los momentos más oscuros antes de poder volver a ver la luz. Una pequeña llama en un abismo oscuro, puede iluminar y cambiarlo todo. Esa llama puede ser el amor mismo, o como en las historias de Radha y Krishna, el anhelo que se convierte en amor y en devoción y nos lleva hacia la autorrealización. Igual que la flor de loto nace en las profundidades del lodo y se hace camino hacia la superficie buscando el sol, nosotros también podemos seguir este ejemplo y buscar el hilo conductor que nos guíe hacia nuestro florecer. Puede que sea el amor, el anhelo, el deseo, la devoción, la fe, la curiosidad, o el servicio desinteresado. Sea lo que sea lo que nos mueva, debe ser algo tan poderoso que nos pueda sustentar en los momentos más oscuros y duros, que son parte intrínseca de esta realidad material en la que existimos. Debe convertirse en la semilla, raíz y tallo de nuestra flor de loto para que pueda al final vislumbrar el esplendor solar.

    Los temas que esta luna nueva puede despertar son aquellos que tienen que ver con aceptar lo que es, lo que podemos ver y lo que está oculto, y trabajar con ello, anclando nuestra devoción en aquello que es imperecedero, como el amor o el cambio constante. Nos pide encontrar la manera de sentirnos en paz incluso en la incomodidad, un cambio de percepción y de perspectiva. Por ello, puede que el mundo externo se convierta en nuestra escuela y aparezcan conflictos o situaciones de estrés que nos pueden llevar a perder la paciencia y a volver a las acciones automáticas arraigadas en el temor de perder el control. Pero en realidad, ¿tenemos tanto control como creemos? Cuando nos enamoramos, o sentimos un profundo anhelo por algo, muchas veces no podemos controlar nuestras acciones racionalmente, ya que éstas comienzan a ser guiadas por una inteligencia diferente más en consonancia a las emociones y a la intuición. Y esta luna nos pide mucho discernimiento; aprender a separar lo que es realmente intuición, lo que es instinto, lo que es creencia inconsciente y lo que es anhelo divino.

    La luna en Escorpio, y en tan cercana proximidad al sol, se encuentra debilitada. Puede que un poco confundida entre tanta emoción, pierde su sentido de independencia, y nada en las aguas profundas de lo místico. A Escorpio le encanta hablar en el lenguaje simbólico que aúna pasado y futuro en un tiempo liminal que no es ni entonces ni después, sino siempre eterno, siempre ahora. Regido por Marte, Escorpio también tiene la capacidad de envenenarse a sí mismo si la rabia y la frustración toman el control de su afán de movimiento y acción innatos. 

    El sol en cambio, por fin salió de Libra, su signo de debilitación, y se encuentra mucho mejor en Escorpio, Casa de otro planeta fogoso (Marte) como él mismo. Aquí puede ejercer su influencia con más fuerza, y puede hacer brillar su luz de la conciencia sobre nuestra mente (manas) que es la luna, y sobre nuestro intelecto del discernimiento o intuición (buddhi) que es Mercurio. Porque Mercurio también se encuentra en este abismo de Escorpio en la nakshatra de Jyeshtha, “la mayor”, la estrella Antares, en el momento de la luna nueva. Mercurio eso sí, se encuentra en su fase de retrogradación, obligándonos a revisar todo dos veces o más, sobre todo aquello que tiene que ver con cómo analizamos y percibimos la realidad, todo lo que tenga que ver con las comunicaciones, y por supuesto, la tecnología. 

    El planeta asociado a esta nakshatra es Saturno, que justamente hace un aspecto directo a esta luna nueva desde su posición en Shatabhisha nakshatra, en Acuario. Saturno abre la puerta a la disciplina necesaria para continuar caminando, paso a paso, entre el sufrimiento inherente que existe siempre cuando hay dualidad, confiando en el proceso mismo que se desenvuelve cuando no nos rendimos y tenemos el corazón puesto en nuestra meta final, sea la que sea.

    Marte, regente de Escorpio, sigue en las aguas de Cáncer, donde no puede realmente sacar sus armas y luchar como le gustaría, sino que está obligado a nadar en las aguas de la Gran Madre y descansar. Marte y Luna forman un Parivartana Yoga, donde cada uno se encuentra en la casa del otro. Y no, no están tan cómodos realmente, pero tienen que aprender las lecciones que les corresponden en cada momento. No se crece en la zona de confort. Tenemos que arriesgarnos a estar incómodos. 

    Júpiter, desde Tauro, está en oposición directa a Sol, Luna y Mercurio. Júpiter nos lanza un rayo de esperanza y optimismo para darnos las fuerzas necesarias para continuar por el camino de nuestra devoción individual en consonancia con el amor universal. Venus está en Sagitario, en la casa de Júpiter. De nuevo, Venus y Júpiter forman un Parivartana Yoga, y cada uno se encuentra en la Casa del otro. Los dos maestros celestiales nos ayudan a integrar las lecciones que tienen que ver con sentir lo que anhelamos y transformar esa energía en devoción y amor, que serán al final el faro que guíe nuestros barcos a su puerto seguro en el océano del corazón universal. 

    Feliz luna nueva, os deseo mucho discernimiento para estos momentos que pueden ser confusos, un discernimiento que despierte el anhelo devocional hacia re-encontrarnos a nosotros mismos en medio de cualquier tormenta.

    Gracias siempre por acompañarme. Puedes ver mi vídeo con más detalles simbólicos y astrológicos en mi Canal de Youtube. 

    Danah