Author: Danah Blanco

  • Descenso

    Cuando siento que nada tiene sentido recuerdo los mitos de creación de innumerables culturas en los cuales es el caos el útero fértil que da a luz al orden cósmico. Me maravilla pensar que es en el no saber dónde nace el deseo de saber, donde nace la diferenciación, la necesidad de separación sagrada que intuye que sólo en el otro podemos reflejarnos, y conocernos, experimentarnos en sus varias formas. Es el deseo la chispa causante del fuego que quema la realidad hacia su materialización.

    La unidad que tanto ansiamos es sinónimo de caos, de indiferenciación, de pérdida de lo que creemos ser. ¿Es realmente eso lo que queremos? O, ¿queremos ser vistos, escuchados, entendidos, arropados? Si hay un “yo”, si existe un concepto de identidad fija, entonces, la unidad no es posible. La unidad sólo puede sentirse en el cambio mismo, y ello incluye un fluir libre de la diferenciación entre el “yo” que creemos ser, y el “yo” que somos realmente, que es la parte y el todo. La separación y la unión.

    Vamos por la vida caminando anhelando aquello que ya llevamos dentro, que es la comprensión innata de que hagamos lo que hagamos, siempre estamos en nuestro camino correcto. Aún así, nos dejamos llevar por la necesidad de pertenencia que no sabemos discernir en nosotros mismos y buscamos fuera. Una validación de nuestra existencia. Un espejo, un reflejo, que nos aclare sin ninguna duda que existimos, que merecemos estar aquí. Pero si no fuera así, no estaríamos.

    Este es el baile que danzamos, el teatro de lo manifestado, que se desenvuelve desde las entrañas vivas del deseo primordial más allá de nosotros mismos. Ese deseo primordial que lo incendió todo para saberse uno mismo en toda su capacidad creadora de universos.

    Cuánto más me adentro en el misterio y dejo espacio al no saber, más intuyo que lo que realmente quiero y siempre he querido, es estar en ese anhelo primordial, en eso deseo incandescente que es la base, principio y final de cada instante, y de cada eternidad. Asentarme entre el ser y no ser. Observar desde la parte al todo y saberme una misma, todo y nada.

    En el lenguaje del Tantra Clásico, a todo este proceso lo llamaríamos la diferenciación que hace Shakti de Shiva. Esa chispa-deseo (iccha shakti) comienza un camino de descenso hacia la materialización culminando en prithvi tattva (tierra). Y en ese descenso hacia este momento nos damos cuenta de que Shiva siempre acompaña a Shakti en su baile sagrado. Incluso en el grano de arena más fino del desierto encontramos y sentimos el infinito. Es la paradoja más maravillosa de nuestra existencia, que lo que creemos más insignificante, incluso esas partes de nosotros que no aceptamos o de las que nos avergonzamos, son y serán siempre parte de la realidad trascendental, y son necesarias para el descenso hacia el núcleo que al final se abre como una rosa. Es en la bajada que encontramos los cielos.

    Es en el descenso dónde nos encontramos ascendiendo en espiral.

  • Entre ser y no ser

    Mi barco Gem en Vonitsa, Grecia

    Navego entre dos estados tan distintos, que al final se unen. Una gran necesidad de retirarme y otra necesidad de igual poder de estar presente hacia el mundo. Estas dos realidades esenciales de mi ser existen más allá de cualquier justificación simbólica que pueda atribuirlas. Y aún así, me atrae esa idea de categorizar la esencia de mi naturaleza.

    Mi ascendente sideral en Géminis se mueve a la velocidad del viento. Nunca descansa en su búsqueda irreprimible de conocimiento, porque la búsqueda misma y el movimiento son su hogar. Esa curiosidad sagrada que aviva el deseo más profundo, y esencial, de estar en presencia absoluta con el mundo.

    Mi luna sideral en Capricornio en Casa 8 habla otro idioma y me susurra que es en la cueva profunda del discernimiento y soledad donde encuentro mi hogar. Tan cerca de la tierra y su tumba-útero es donde muero una vez tras otra para volver a renacer. Ese silencio sepulcral que sólo puede avivar su contrario, el grito primigenio de sentirme viva en el espacio liminal del olvido.

    ¿Cómo vivir esta dualidad? ¿Cómo honrar el ciclo natural de mi alma que flota en el vaivén entre el recuerdo y el olvido? ¿Entre el ser y el no ser? ¿Entre presentarme u ocultarme?

    Mi vida refleja externamente este estado interno. Cuando alzo las velas, el viento mueve mi barco, y también mi alma. Y cuando lanzo el ancla hacia el abismo profundo del mar, mi alma frena en seco en la intimidad que entrega la pausa. Pero es en esta entrega consciente hacia el inconsciente donde descubro entre inhalación y exhalación, entre cielo y tierra, viento y mar, que es en la coherencia donde encuentro la llave de la paz. Porque quién soy no es un alma separada que vaga sin rumbo por diferentes estados del ser, sino que soy, el estado del cambio mismo que se oculta irremediablemente en el reflejo de lo que cree ser, el reflejo al que se apega. Pero es el cambio el verdadero hogar, cuna y tumba, nacimiento, vida, muerte y renacimiento.

    En realidad soy inhalación y exhalación, soy cielo y tierra, soy viento y mar, soy vela y ancla. Quién soy lo es todo también, y Todo al final, soy yo.

  • It’s all the same, and at the same time it is not

    It’s all the same, and at the same time it is not.

    From the chaotic well of inconcieved and formless world of inner knowing, words trickle out of my being, into my body, out into the world.

    The sensation that there is a depth so unknown it becomes somehow my nature; the Void.

    A need, so deep within, that only finds its expression without. Reflection of the source only known through outer mirrors.

    The paradox of being, only while becoming.

    What is this need of desiring the fullness of experience to know oneself through the world?

    Isn’t it the same longing that creates it all?

    The sacredness of the divine unknown, making itself known, because it wants to know?

    Knowing itself through becoming?

    The one in the many, and the many in the one?

    Words are also symbols of the soul, rearranged in eternal change.

    It’s all the same, and at the same time it is not.

    What peace at last to feel the one without fear of losing it in the many. It’s just waves in an ocean, or a sparkle of light bursting forth from a great sun reflected in the water.

    I breathe at last above the water, and also in its depths.

    There is no way to separate myself from water, or light, there is no way to not be breath itself, life itself.

    There is a feeling of great calm after every storm, but there is also peace in the storm itself.

    It’s all the same, and at the same time it is not.

  • The One IS

    Light and Shadow… Sun and Moon…

    Life lately speaks in great Duality.

    Felt in the senses. Breathed in the Soul.

    The more I dive into the experiential, the deeper I travel into eternity.

    Who would have thought that one who loved the straight line, the limitations of drawers, shelves, boxes, would enjoy the freeflow of Time, of Impermanence, in its up and downward spiral?

    Who would really feel the silver taste of the red blood of Life and the black sacredness of Death in every breath?

    We are the shining white that we are at last able to perceive because we were so broken that the only thing left to pierce us was light. And we opened our eyes, and our hearts, amd we saw, and received the Unknown.

    Life lately speaks in great Duality.

    And when I stay quiet and listen She whispers, “it is IN the truly knowing of Two, that the One IS”.

  • Luna Nueva y Eclipse Solar en Ashwini, Aries

    Eclipse, I Made Sumidayasa, 2004, ARMA Museum, Indonesia

    De las aguas profundas de Piscis donde tuvimos nuestra pasada luna nueva, el Sol ha avanzado hacia el fuego de Aries dando comienzo a un nuevo año astrológico. De lo liminal a lo kinético. De la pausa, a la acción. Aries como primer signo del zodiaco simboliza el principio creativo que fue dándose forma a sí mismo en el útero interno del océano primordial, para ahora tomar fuerza y renacer. El último nakshatra en Piscis es Revati, regido por la deidad Pushan, aquel que acompaña a las almas de un estado a otro de vuelta al hogar para que no se pierdan, de la muerte al renacimiento. Un psicopompo eterno que recicla la energía vital en una espiral de tiempo-espacio contínua, pero siempre diferente. Y ahora, esa agua se convierte en fuego, atravesando el nudo kármico, o gandanta, que une los signos de Piscis y Aries. Una chispa primordial ha dado lugar a un renacimiento incendiario y ahora el fuego brota con total pasión por volver a vivir.

    Ashwini, es el primer nakshatra en esta rueda. En los círculos no hay finales ni comienzos realmente, pero energéticamente entendemos este lugar como un re-encuentro, una vuelta al origen. Un final y un comienzo que se entremezclan entre liminalidad y movimiento. Entre pausa y acción. Y aquí nos encontramos, en el comienzo. Aliento vital que lo pone todo en marcha. La primera respiración.

    En Ashwini, en Aries, el día 20 de abril, se unen Luna y Sol, dando lugar a la luna nueva, a la vez que Rahu, la cabeza del dragón, decide tragarse la luz creando un eclipse solar total. Y no están solos. Mercurio, otro psicopompo de alguna manera, una deidad que, desde el punto de vista de la mitología occidental, también tiene el poder de traspasar los umbrales de la tierra, el cielo y el inframundo, los acompaña en Aries, pero en Bharani nakshatra, con lo cual no se encontrará tan cerca del sol para estar en combustión. Sol, nuestro ahamkara (nuestra idea del “yo soy”), Luna, nuestro manas (nuestra mente) y Mercurio, nuestro buddhi (nuestro intelecto y capacidad de analizar y discernir), se unen en un abrazo cósmico junto a Rahu, nuestro ego ensombrecido, ilusorio o falso yo.

    Este posicionamiento astronómico en Aries sideral, signo de la identidad e independencia por excelencia, nos habla simbólicamente de ver con claridad quiénes creemos ser frente a quiénes somos en realidad. Y no sólo eso, sino también, de sanar las heridas y patrones erróneos de cómo vemos y percibimos la realidad en general, y a nosotros mismos inmersos en ella. Ese es el gran trabajo simbólico de los Ashwini Kumaras, los hermanos gemelos con cabezas de caballo, deidades que rigen a Ashwini nakshatra, médicos y sanadores de los dioses que tienen una gran conexión con la respiración, con el aire vital, con la energía primordial que todo lo insufla, con el prana. Es un momento ideal para trabajar con nuestra respiración y atención a nuestro prana. También, porque hay una energía muy impulsiva en el ambiente. Tenemos ganas de “hacer algo”, pero, ¿cómo vamos a tomar acción si no contemplamos y observamos primero profundamente quiénes somos y qué queremos realmente?

    Sin duda, esta luna nueva y eclipse solar nos hace unas preguntas muy claras: ¿qué máscaras te pones, por qué, y quién está realmente debajo de esas máscaras?

    En estos momentos, es como si la verdad no se pudiera ocultar. No podemos ser deshonestos con nosotros mismos, por mucho que lo intentemos. Hay una voz interna que sabe, y lo sabe muy bien, cuál es la respuesta a todas nuestras dudas. El problema no es que no la sepamos, sino que no queremos escucharla, o no confiamos en nosotros mismos cuando oímos las respuestas que susurra el corazón. Vamos por la vida negándonos, no dejándonos espacio para Ser, buscando una validación externa, una respuesta que alguien nos dé porque nos creemos menos, nos creemos incapaces de tomar las riendas de nuestra propia vida, porque no sabemos nada. Pero…. no saber nada, no es un problema. El problema realmente es no saber nadar en las aguas de la incertidumbre mientras ésta dure. Y esa es la vida realmente, una gran incertidumbre; o en otras palabras, podríamos también decir, una gran sorpresa, un sueño eterno, el teatro de lo inimaginable, magia, el gran misterio.

    Esta luna nueva-eclipse nos va a llevar de la mano a mirarnos frente a frente con nosotros mismos. No hay escapatoria. Hay mucho valor en tomar esas riendas de las que hablaba. Para hacerlo, no hay que saber el futuro, no hay que tener siquiera control, simplemente hay que ser íntegros y coherentes con esa voz que brota desde lo más profundo. Para ello, primero nos paramos a escuchar, y luego, la honramos siguiendo sus dictámenes. Sean los que sean, incluso cuando están en contra de esas otras voces externas de familiares, conocidos, sociedad, o peor aún, de esas voces internas basadas en patrones mentales,  que ya no nos sirven, que se nos han quedado pequeñas, que nos ayudaron en algún momento a “sobrevivir” pero que ahora nos pesan en vez de empujarnos hacia el futuro que estamos deseando realmente construir. Es así de sencillo, y así de difícil. Tomar las riendas tiene que ver con responsabilizarnos de nosotros mismos, y de saber a qué voces hacemos caso. Qué máscara nos ponemos, por qué, y quién se la está poniendo. Una vez tengamos claras nuestras respuestas, pase lo que pase en el mundo externo, estaremos en paz siempre con nosotros mismos, porque sabemos que podemos vivir con nosotros mismos, porque sabremos que hemos tomado las decisiones por nosotros mismos.

    Qué gran regalo es saberse uno, uno mismo. Qué gran regalo poder vivir en el misterio, perderse, y volver a encontrarse en este ciclo eterno. 

    Los cielos y los astros están en constante movimiento y cambio, reflejo inequívoco de nuestro universo externo e interno. Júpiter se encuentra atravesando ahora mismo ese punto gandanta del que hablaba, ese nudo kármico entre Revati nakshatra en Piscis y Ashwini nakshatra en Aries, entre agua y fuego, y llegará a Aries el 22 de abril. Un cambio importante ya que tarda unos 12 meses en atravesar cada signo zodiacal, poniendo allí su foco. Mercurio a su vez, comienza el 21 de abril su retrogradación en Aries también hasta el 15 de mayo. Con tantos astros en este lugar del cielo este mes, vamos a notar una nueva euforia, una revolución, una nueva forma de entender y percibir nuestra realidad personal e independiente en el conjunto de la realidad colectiva, vamos a notar una gran abundancia de energía aquí, en la Casa en la que Aries se encuentre en nuestra carta natal.

    Me atrevería a decir que transformación es la palabra de estos tiempos. Transformemos la realidad que vislumbramos con los ojos del corazón. No dejemos que los patrones pasados coloreen nuestra realidad presente, interna y externa. Abramos los brazos para recibir el fuego del deseo primordial que brota desde lo más profundo de nuestro ser; como un bebé que se abre a la vida, tomemos esa primera respiración, sin miedo, con confianza, saltando al vacío de la magia y el misterio.

    Bienvenidos a Casa.

    Feliz luna nueva y eclipse solar, gracias por leerme siempre.