Hilma af Klint, Buddha’s Standpoint in the Earthly Life, 1920
La primera luna llena del año se dará con la luna en Géminis y el sol en Sagitario. La luna se encontrará en la nakshatra de Punarvasu conocida como “el retorno de la luz”, y formada por las estrellas Cástor y Pólux (alpha y beta Geminorum).
Punarvasu está regida por la deidad Aditi, la Gran Madre Universal, madre de los devas; es la matriz cósmica infinita que se multiplica a través de fractales. Ella está en todo, cada parte que existe es Ella en su esencia.
El símbolo de Punarvasu es un arco y un carcaj lleno de flechas, simbolizando la idea de que al lanzar la flecha, ésta debe eventualmente volver a su lugar. Como nosotros, que al final lo que buscamos, es volver al Hogar. Volver a sentirnos sustentados en el regazo de la Gran Madre. Volver a sentir que en cada parte de nosotros que parece distanciarse del centro se encuentra en esencia el Todo. Volver a sentirnos completos en nuestra impermanencia y multiplicidad.
La habilidad y capacidad de ganar riquezas está asociada a esta nakshatra a través de su ”poder”, Vasutva Prapana Shakti. Qué significa “ganar” y qué significa “riquezas” sólo podemos discernirlo cada uno. Aquí podríamos decir “ten cuidado con lo que deseas” y sería un buen momento para poner orden en el corazón. Para poder escuchar ese susurro, necesitamos estar en un espacio mental en el que las demás voces que nos rigen puedan silenciarse, aunque sea temporalmente.
Estos tiempos nos piden mucha calma y habilidad de ver con claridad, y para ello, no hay nada mejor que hacer un ejercicio consciente de ordenar nuestras prioridades y retornar a lo esencial. ¿Qué es lo esencial para tí? Respirar bien, cuidar nuestros silencios y nuestros descansos, poner límites y cumplirlos, nutrirnos del alimento y la información de manera adecuada, mover el cuerpo, observar la mente… Es el momento de cumplir poco a poco con aquello que uno considere los pilares fundamentales para su paz mental, emocional y física; y no, no hay que hacerlo todo, ni todo a la vez, sino volver a lo esencial, tomarnos las cosas con tranquilidad, elegir una prioridad y pasar tiempo con ella cada día.
El planeta que rige Punarvasu es Júpiter, y el que rige Géminis es Mercurio. Ambos planetas nos hablan de sabiduría en distintas perspectivas. Mercurio rige el saber analítico, la inteligencia de la experiencia de ir aprendiendo según caminamos, relacionando acontecimientos, la capacidad de discernir y elegir en integridad. Júpiter nos habla de la sabiduría que nace de las creencias más profundas que albergamos. Nuestra filosofía de vida, nuestra moral y ética, nuestra relación con lo que creemos que es divino. En realidad, ambas formas de conocimiento se van complementando y transformando. Lo que creemos creer cada día va dando forma a nuestras decisiones, acciones, y hábitos que se acaban convirtiendo en nuestras características diferenciales. Pero, tenemos una ventana de tiempo ahora perfecta para observar la raíz de todas estas creencias y cambiarlas si es lo que deseamos.
Durante la luna llena, Mercurio, que rige Géminis, se encuentra junto al sol en Sagitario. Mercurio aquí nos ayuda a investigar de dónde surge la base para nuestras creencias profundas. Júpiter, que rige la nakshatra de Punarvasu y Sagitario, se encuentra aún retrógrado en Tauro. En unos meses se moverá hacia Géminis, por eso es una buena oportunidad para seguir transformando nuestra cotidianidad a través de pequeños cambios que sean verdaderamente sustentables en el tiempo. Es mejor hacer un pequeño cambio de hábito (como empezar el día tomando 5 respiraciones conscientes) que intentar hacer muchos cambios grandes todos a la vez. La llave está en nuestro compromiso y voluntad, y siempre será más fácil si ese compromiso está basado en un deseo propio, que eventualmente nos llevará hacia la integridad con uno mismo.
Saturno y Venus se encuentran juntos en Acuario, creando mucha energía alrededor de los temas de encontrar nuestro valor y nuestro lugar en la comunidad y en el sistema que hemos creado y del que formamos parte, dónde pertenecemos y cómo. También nos ayudan estos planetas a observar dónde no pertenecemos y debemos poner límites.
Marte sigue retrógrado en Cáncer, el guerrero obligado a descansar y a calmar la mente para trazar sus acciones futuras asentadas en cambios presentes internos que serán luego el motor de nuestros pasos.
El sol entrará en Capricornio (Makara Sankranti) el 14 de enero, y por tanto, el 16 de enero, Marte y Sol estarán en una oposición exacta. Estos días con la luna llena seguida de estos aspectos planetarios nos piden hacer pequeños cambios anclados en lo que podemos controlar, para dejar que aquello que no podemos controlar siga su rumbo adecuado.
Simbólicamente, lo que este tiempo nos pide es discernimiento de nuestras prioridades. Desde esa base partimos para volver a lo esencial. Agradecer lo que ya tenemos, en vez de siempre buscar la novedad. Respirar con calma, disfrutar de los pequeños placeres, de la compañía de quién queramos tener a nuestro alrededor. Decimos “no” a aquello que nos saca de nuestra propia integridad, y damos pequeños pasos hacia ese reconocimiento de que la eternidad está al final siempre contenida en cada instante.
Muchas gracias por leerme y acompañarme. Podéis ver mi vídeo sobre esta luna llena en mi canal de YouTube.
¡Feliz luna llena, feliz retorno a lo esencial y feliz 2025!
Imagen del manuscrito persa Kitab-i viladat-i Iskandar/Libro de nacimiento de Iskandar/Horóscopo de Iskandar, 1411, Shiraz, Irán, por el astrólogo del príncipe Iskandar; Wellcome Collection, London.
A mediados de mes nos recibe en el cielo una brillante luna llena, la última de este año 2024. El sol desde el grado 29º de Escorpio sideral lanza sus rayos iluminando a la luna que se encuentra en el grado 29º de Tauro sideral, en la nakshatra de Mrigashira, “la estrella de la eterna búsqueda”. Su nombre significa “cabeza de ciervo” que viene de la raíz en sánscrito “mrig” que significa “buscar” y la palabra “mriga” que significa “ciervo”, y cuyo símbolo es literalmente la cabeza de un ciervo. Las estrellas que forman Mrigashira son Beta Tauri, Lambda Orionis (Meissa) y Gamma Orionis (Bellatrix).
La luna llena en este lugar ilumina la pregunta: ¿qué estamos buscando realmente? Parece que siempre estamos en busca y captura de algo. Algunas personas están en busca de aquello que les vaya a dar la paz o la felicidad eterna. Otras personas buscan incansablemente quiénes son en realidad debajo de todas las capas de creencias que se han ido acumulando a lo largo de la vida. En general, los seres humanos buscamos y no nos saciamos. Muchas veces buscamos esa felicidad en lo externo, en personas o cosas materiales, y cuando no cumplen ese objetivo, los desechamos. Buscamos en los libros, en las estrellas, en las personas. Buscamos en el pasado, en la mente, en la imaginación. Buscamos en los cursos, en la información, en la razón. Buscamos, buscamos, buscamos…. Y ¿cuándo integramos realmente todo lo que encontramos, si no nos dejamos espacio y tiempo? Es la adicción a la búsqueda, a lo nuevo, lo que muchas veces nos mantiene en esta vorágine. Si paramos un momento, a lo mejor nos damos cuenta de que no hay nada qué buscar. Y eso, da mucho miedo, mucho vértigo. Da miedo reconocer que lo que creíamos querer, lo que creíamos ser, cómo creíamos que éramos, ya ha muerto. Da miedo darse cuenta de que hemos seguido viviendo poniéndonos una máscara. Pero todo lo que muere está condenado a renacer, de otro modo, con otro rostro, está condenado a transformarse.
La deidad que rige Mrigashira nakshatra es Soma. Una de las deidades más antiguas ya mencionadas en los Vedas, asociada al elixir de la inmortalidad llamado soma o amrita. Soma, más tarde, se asociará también al dios lunar Chandra. ¿Estamos buscando la inmortalidad? ¿Estamos buscando siempre estar bien, siempre estar felices, que no ocurra nada “negativo”? Esta luna nos puede ayudar a ver claramente dónde tenemos puestas nuestras esperanzas, si es en ilusiones que son imposibles en un mundo encarnado dual.
No puede existir “lo positivo” sin “lo negativo”. Cuando buscamos insaciablemente algo que nos llene porque nos sentimos vacíos, o cuando buscamos desde el prisma de nuestros deseos y anhelos inconscientes, podemos caer en la trampa de encontrar exactamente lo que creíamos que íbamos a encontrar. Pero si buscamos con la mente abierta, si buscamos simplemente por el placer y la curiosidad de conocernos más profundamente, puede que lo que encontremos nos sorprenda. Puede que lo que encontremos sea una nueva manera de vislumbrar el mundo y esta mirada nos ayude a vivir un poco más en paz en medio del caos diario, que es igual de necesario que la paz, para que todo siga existiendo.
El planeta regente de Mrigashira es Marte, dotando a este lugar del cielo de la motivación necesaria para ir en busca y captura de lo que uno desea. A la vez, si nos sentimos abrumados con todo lo que “creemos que debemos hacer”, sobre todo en estas fechas, podemos entenderlo desde el punto de vista de Marte que se encuentra debilitado en Cáncer, nadando obligado en las aguas de la Gran Madre, queriendo salir y perseguir lo que anhela, cuando en realidad es el momento de aprender a descansar.
No es una energía tan favorable para todos aquellos que sientan la obligación de estar hacia afuera en estas fechas, de organizar reuniones, de consumir sin ningún control, de ser responsables de la “felicidad” de otros. Porque en realidad, eso es siempre una ilusión que nos auto imponemos, seguramente basada en la necesidad de ser aceptados en comunidad. Nadie puede ser responsable del bienestar ajeno, por mucho que lo intentemos. Eso es lo que nos pide este momento, a discernir lo que hacemos por obligación inconsciente, o por amor y en integridad. Aprender a decir “sí” desde el corazón y no por obligación es la lección. Es un tesoro poder compartir momentos con aquellos que amamos, pero debe surgir del deseo real, no de la obligación impuesta, incluso a veces, por nuestro propio inconsciente y sus patrones.
La shakti o poder de Mrigashira es Prinana Shakti, el poder de dar alegría y satisfacción. En estos momentos del año, cuando el ciclo nos llama a analizar los últimos meses y cuánto hemos crecido y cambiado, podemos apoyarnos en esta shakti para encontrar la satisfacción y el agradecimiento en los momentos que podemos compartir con los demás. Es una paradoja que esta nakshatra nos hable de buscar y buscar y buscar incansablemente, cuando en su esencia existe esta shakti que nos habla de estar en paz, de estar satisfechos, y podemos usar esta energía a nuestro favor. No intentemos comparar nuestra vida con la vida de los demás, no intentemos hacer más de lo que realmente queremos hacer (y podamos realmente hacer en estos tiempos donde el cansancio está alto, y los recursos bajos). El mundo ya nos está siempre confundiendo tratando de vendernos necesidades inexistentes para ser felices, cuando lo que realmente anhelamos es compartir un poco de tiempo, ese tiempo que todos tenemos limitado, con aquellos que amamos.
¿Qué estamos intentando conseguir llenando nuestras casas de cosas y mesas de comida y bebida infinita? Lo que buscamos en ese llenar y llenar lo encontramos en realidad en el vacío. Es en ese silencio, en ese momento de entender que la búsqueda en sí misma es el camino, que no hay meta, que buscar es lo que llena, donde nos podemos empezar a sentir más ligeros. En el abismo, en el coraje y la honestidad de mirarnos sin adornos. Lo que casi todos anhelamos es sentirnos escuchados, sentirnos vivos a través de la mirada del otro, sentirnos aceptados y abrazados por nuestros vínculos, y por la vida. Sentirnos en plena aceptación de quiénes somos, por lo externo, y sobre todo, por nosotros mismos.
La luna en Tauro está regida por Venus, que se encuentra ahora mismo en Capricornio, y el sol en Escorpio está regido por Marte, que se encuentra debilitado en Cáncer. Venus y Marte están en oposición directa, al igual que lo están Luna y Sol. Tauro y Escorpio nos hablan de encontrar confort en el propio miedo, y Capricornio y Cáncer nos hablan de tomarnos en serio la búsqueda de aquello que trae paz a nuestro hogar interno. Mercurio, durante el momento de la luna llena, se encuentra en conjunción con Sol en Escorpio, mientras que Júpiter se encuentra en conjunción con Luna en Tauro. Mercurio y Júpiter en oposición nos hablan de prestar atención a nuestras grandes creencias y filosofías en las que nos basamos, y cómo utilizarlas de manera práctica en el aquí y ahora. El conocimiento analítico y del discernimiento frente a frente con el conocimiento más abstracto.
Unas horas después de la luna llena, la luna entrará en Géminis, y el sol en Sagitario, mientras que Mercurio irá saliendo de su retrogradación. Este momento de la luna llena es como una culminación de energías que han estado acumulándose y que van empezar a salir al exterior, a veces, de manera explosiva. Si durante la retrogradación de Mercurio hemos callado mucho de lo que queríamos decir, puede que cuando la luna entre en Géminis, y Mercurio ya no esté retrógrado, empiecen a salir todas las palabras que habíamos intentado enterrar (un poco peligroso si lo unimos a lo que comentaba antes de hacer cosas por obligación y reunirnos en ambientes que en realidad, no nos llenan sino que nos drenan).
Si durante este pasado mes hemos estado buceando en los abismos en busca de sombras del pasado, puede que cuando el sol entre en Sagitario podamos traerlas a la superficie para poder integrarlas, y que conformen nuestras nuevas formas de ver y nuestras nuevas creencias, y al principio, ver la sombra tan claramente no es fácil, y esto puede sumarse a la ansiedad y sensación de abrumación con la que este mes cuenta de por sí.
Por todo ello, más que nunca, es tan importante escucharse a uno mismo y tomarse el tiempo (o los tiempos) necesario(s) para descansar, respirar, observar, tomar decisiones desde un lugar de calma en vez de desde un lugar de frustración. Si no somos íntegros con nosotros mismos, con este clima astrológico, la sensación que seguramente generemos sea el calor del resentimiento.
Ese resentimiento culmina en culpar a todo y a todos de aquello que “no nos hace felices”, cuando en realidad, eso sólo está en nuestras propias manos (obviamente no hablo aquí de los problemas sistémicos que también son culpables de que no podamos encontrar la paz ni la felicidad personales si todo a nuestro alrededor es corrupto y movido por intereses políticos y económicos que nunca tienen al bien mayor como su meta…). A lo que me refiero es que si hacemos algo porque queremos y deseamos, no sentimos el peso ni la frustración que sí viene con aquello que hacemos porque nos sentimos obligados. Simplemente. Y hacerlo o no hacerlo, eso sí está en nuestras manos.
El mapa celeste puede convertirse en un aliado, o en un enemigo. No podemos justificar todo lo que hacemos, ni todo lo que somos, basándonos en algo externo. Al final, en el centro de la cueva del corazón, en silencio, en la soledad que acompaña al infinito, en el tiempo y espacio eternos, es donde realmente encontraremos lo que siempre hemos estado buscando: cada uno sabe lo que es para sí mismo.
Feliz luna llena, que esta luna en Mrigashira y todas estas energías estelares y planetarias nos ayuden a encontrar una forma en la que la búsqueda en sí nos sacie y podamos descansar en el caos necesario para todo renacimiento.
Para más información astrológica y simbólica sobre esta luna llena en Tauro sideral, puedes ver mi vídeo completo en mi canal de Youtube.
El día 1 de diciembre (a las 7:21 Madrid, España) se unen en el cielo Sol y Luna en la mansión lunar de Anuradha, en Escorpio. Anuradha nakshatra está formada por tres sistemas estelares en la constelación de Escorpio: Beta Scorpii (Acrab), Delta Scorpii (Isidis/Dschubba) y Pi Scorpii. Conocida como “la estrella del éxito”, el poder de Anuradha es Radhani Shakti, el poder de la devoción y la adoración. Como su propio nombre indica, está asociada al amor incondicional y divino que profesa Radha por su amado Krishna. Las circunstancias de sus vidas les mantienen casi siempre separados. Ella, casada, mortal, y él, un príncipe, y un avatar de Vishnu cuyo dharma siempre es el mantenimiento del orden cósmico y universal. Esa separación crea anhelo, y ese anhelo de unión con el amado es una fuente inagotable de devoción pura. Es una de las puertas de acceso al amor divino, al amor incondicional real. Cuando se unen, todo el universo tiembla y forma parte de la danza del éxtasis divino; embriagados del néctar dulce que brota de sus corazones.
Hace 6 meses tuvimos una luna llena en este mismo lugar, la luna en Escorpio y el sol en Tauro. En ese momento, el mapa celeste nos hablaba de encontrarnos frente a frente con el deseo que debía convertirse en el camino de nuestra devoción. Hoy, la luna se une con el sol creando esta luna nueva, ya no están separados uno frente al otro. Hoy, esa danza extática entre Radha y Krishna, su Rasa Lila, refleja la danza del cosmos y la unión divina de Shiva (el sol como prakasha, luz de la conciencia) y Shakti (la luna como vimarsha, la conciencia autorreflexiva).
La deidad que rige Anuradha es Mitra, una deidad solar védica que rige sobre la amistad y la lealtad. Se le considera uno de los adityas, hijos de Aditi. Se suele hablar de 12 adityas como representaciones de 12 facetas diferentes del sol. En los Vedas, Mitra aparecía siempre en tándem con Varuna, y es casi imposible separar sus funciones. Ambos regían sobre la tierra y los cielos, sobre los ríos y los océanos, sobre las rutinas y los ciclos. Podían controlar el clima, hacer que el sol saliera, o que el cielo se cubriera de nubes y cayera la lluvia. Con el tiempo, Mitra comenzó a ser asociado con el sol del amanecer, y a Varuna cada vez más con la noche y la oscuridad como regente de los océanos terrestres y celestiales. El conocimiento de Mitra y Varuna casi siempre provenía de fuentes secretas y misteriosas. Todo ello ata muy bien con los temas arquetípicos que solemos asociar a Escorpio, el signo místico y enigmático por excelencia, donde lo oculto se convierte en fuente de inspiración.
Uno de los símbolos de Anuradha es el loto, recordándonos que a veces debemos pasar por los momentos más oscuros antes de poder volver a ver la luz. Una pequeña llama en un abismo oscuro, puede iluminar y cambiarlo todo. Esa llama puede ser el amor mismo, o como en las historias de Radha y Krishna, el anhelo que se convierte en amor y en devoción y nos lleva hacia la autorrealización. Igual que la flor de loto nace en las profundidades del lodo y se hace camino hacia la superficie buscando el sol, nosotros también podemos seguir este ejemplo y buscar el hilo conductor que nos guíe hacia nuestro florecer. Puede que sea el amor, el anhelo, el deseo, la devoción, la fe, la curiosidad, o el servicio desinteresado. Sea lo que sea lo que nos mueva, debe ser algo tan poderoso que nos pueda sustentar en los momentos más oscuros y duros, que son parte intrínseca de esta realidad material en la que existimos. Debe convertirse en la semilla, raíz y tallo de nuestra flor de loto para que pueda al final vislumbrar el esplendor solar.
Los temas que esta luna nueva puede despertar son aquellos que tienen que ver con aceptar lo que es, lo que podemos ver y lo que está oculto, y trabajar con ello, anclando nuestra devoción en aquello que es imperecedero, como el amor o el cambio constante. Nos pide encontrar la manera de sentirnos en paz incluso en la incomodidad, un cambio de percepción y de perspectiva. Por ello, puede que el mundo externo se convierta en nuestra escuela y aparezcan conflictos o situaciones de estrés que nos pueden llevar a perder la paciencia y a volver a las acciones automáticas arraigadas en el temor de perder el control. Pero en realidad, ¿tenemos tanto control como creemos? Cuando nos enamoramos, o sentimos un profundo anhelo por algo, muchas veces no podemos controlar nuestras acciones racionalmente, ya que éstas comienzan a ser guiadas por una inteligencia diferente más en consonancia a las emociones y a la intuición. Y esta luna nos pide mucho discernimiento; aprender a separar lo que es realmente intuición, lo que es instinto, lo que es creencia inconsciente y lo que es anhelo divino.
La luna en Escorpio, y en tan cercana proximidad al sol, se encuentra debilitada. Puede que un poco confundida entre tanta emoción, pierde su sentido de independencia, y nada en las aguas profundas de lo místico. A Escorpio le encanta hablar en el lenguaje simbólico que aúna pasado y futuro en un tiempo liminal que no es ni entonces ni después, sino siempre eterno, siempre ahora. Regido por Marte, Escorpio también tiene la capacidad de envenenarse a sí mismo si la rabia y la frustración toman el control de su afán de movimiento y acción innatos.
El sol en cambio, por fin salió de Libra, su signo de debilitación, y se encuentra mucho mejor en Escorpio, Casa de otro planeta fogoso (Marte) como él mismo. Aquí puede ejercer su influencia con más fuerza, y puede hacer brillar su luz de la conciencia sobre nuestra mente (manas) que es la luna, y sobre nuestro intelecto del discernimiento o intuición (buddhi) que es Mercurio. Porque Mercurio también se encuentra en este abismo de Escorpio en la nakshatra de Jyeshtha, “la mayor”, la estrella Antares, en el momento de la luna nueva. Mercurio eso sí, se encuentra en su fase de retrogradación, obligándonos a revisar todo dos veces o más, sobre todo aquello que tiene que ver con cómo analizamos y percibimos la realidad, todo lo que tenga que ver con las comunicaciones, y por supuesto, la tecnología.
El planeta asociado a esta nakshatra es Saturno, que justamente hace un aspecto directo a esta luna nueva desde su posición en Shatabhisha nakshatra, en Acuario. Saturno abre la puerta a la disciplina necesaria para continuar caminando, paso a paso, entre el sufrimiento inherente que existe siempre cuando hay dualidad, confiando en el proceso mismo que se desenvuelve cuando no nos rendimos y tenemos el corazón puesto en nuestra meta final, sea la que sea.
Marte, regente de Escorpio, sigue en las aguas de Cáncer, donde no puede realmente sacar sus armas y luchar como le gustaría, sino que está obligado a nadar en las aguas de la Gran Madre y descansar. Marte y Luna forman un Parivartana Yoga, donde cada uno se encuentra en la casa del otro. Y no, no están tan cómodos realmente, pero tienen que aprender las lecciones que les corresponden en cada momento. No se crece en la zona de confort. Tenemos que arriesgarnos a estar incómodos.
Júpiter, desde Tauro, está en oposición directa a Sol, Luna y Mercurio. Júpiter nos lanza un rayo de esperanza y optimismo para darnos las fuerzas necesarias para continuar por el camino de nuestra devoción individual en consonancia con el amor universal. Venus está en Sagitario, en la casa de Júpiter. De nuevo, Venus y Júpiter forman un Parivartana Yoga, y cada uno se encuentra en la Casa del otro. Los dos maestros celestiales nos ayudan a integrar las lecciones que tienen que ver con sentir lo que anhelamos y transformar esa energía en devoción y amor, que serán al final el faro que guíe nuestros barcos a su puerto seguro en el océano del corazón universal.
Feliz luna nueva, os deseo mucho discernimiento para estos momentos que pueden ser confusos, un discernimiento que despierte el anhelo devocional hacia re-encontrarnos a nosotros mismos en medio de cualquier tormenta.
Gracias siempre por acompañarme. Puedes ver mi vídeo con más detalles simbólicos y astrológicos en mi Canal de Youtube.
Disco celeste de Nebra, Alemania, c.1800-1600 a e.c. La imagen más antigua astronómica que conocemos en la que aparecen Sol, Luna y las Pléyades, y los ángulos entre solsticios. Fuente imagen: Wikipedia.
El viernes 15 de noviembre, a las 22:28 horas (España Peninsular), culmina la fase de luna llena con el sol en el grado 29 de Libra, aún en debilitación, y la luna en el grado 29 de Aries, en el nakshatra de Krittika, más conocida aquí en Occidente como las Pléyades. Esta constelación está formada por siete estrellas que ocupan un lugar en el cielo entre los últimos grados del signo de Aries y los primeros grados del signo de Tauro; se las conoce como Alcyone, Atlas, Merope, Electra, Pleione, Taygeta y Maia, a las que a veces se añade una octava estrella, Celaeno. Suelen ser asociadas con siete hermanas, o desde la mitología y filosofía del subcontinente indio, con las siete (a veces ocho) Matrikas, otras veces con las siete esposas de los siete rishis, mientras que otras veces con siete ninfas celestiales. Las historias de las Pléyades pueden encontrarse en múltiples culturas y mitologías, desde su mención en la mitología griega o en el Mahabharata en India, hasta en el Popol Vuh, libro sagrado de los mayas, e incluso en la gran obra de Cervantes, Don Quijote de la Mancha. Es una de esas constelaciones que ha llenado la imaginación de muchos seres en diferentes espacios y tiempos, lo que le otorga un halo de misterio, asombro y curiosidad a este lugar del cielo.
Hace un mes, durante la luna llena en Ashwini el 16 de octubre, hablábamos de la chispa primordial que encendía un deseo original profundo, hablábamos de Iccha Shakti, ese deseo personal que fluye en corcondancia con el deseo del Anima Mundi. El deseo como semilla de la realidad y del mundo material. Y aquí, ahora, un mes después nos encontramos ya no sólo con la chispa, sino con el fuego mismo; más concretamente con el fuego de la transformación. La temática subyacente del cambio, la transformación, y la purificación de nuestra percepción, sigue el hilo conductor del símbolo del fuego, y es maravilloso ver cómo va tejiendo el significado profundo de los ciclos que vamos viviendo, si lo hacemos con el corazón abierto, y los ojos de la imaginación.
Aries está regido por Marte, el gran guerrero de los cielos, que a su vez, está relacionado con Krittika nakshatra cuya mitología tiene mucho que ver con el nacimiento de Kartikeya, también conocido con su nombre védico Skanda, que es en realidad, el planeta Marte. Krittika nakshatra está regido por el sol, y por la deidad Agni, el fuego primordial, la primera deidad adorada en los antiguos Vedas. Y Vishakha nakshatra, desde donde lanza sus rayos el sol, también está regido por Agni, junto a Indra. El símbolo está claramente llevándonos hacia el fuego que todo lo quema, lo hace cenizas, y lo transforma. El fuego interior de la transformación; el fuego que purifica la percepción para poder ver las cosas como son, y no cómo queramos que sean.
Kartikeya es considerado el hijo de Shiva y Shakti-Parvati. Hay varias versiones sobre su nacimiento (en el Mahabharata, Ramayana, Shiva Purana, la versión tamil del Skanda Purana llamado Kanda Puranam…), pero en muchas de esas versiones, su existencia se debe a que hay una necesidad de acabar con un asura llamado Taraka que está desequilibrando el mundo, y frustrando a los devas. Sólo un niño de 7 días, e hijo de Shiva, tendría el poder de aniquilarlo. Shiva, meditando en su aislamiento, acaba concibiendo su semilla (en una de las versiones de la historia, por el engaño de los devas que usan a Kamadeva para lanzarle una de sus flechas y que se enamore perdidamente de Parvati, y en la cual Shiva acaba quemando a Kamadeva hasta convertirlo en ceniza por haber distraído su estado de meditación profunda; aquí podríamos hablar de la necesidad a veces de aceptar nuestra rabia y expresarla). Esa semilla de Shiva, tan luminosa y llena de poder, intentó ser portada por Vayu, que no pudo sostener su calor, y finalmente portada por Agni, que acabará lanzándola a las aguas de Ganga Devi (el Ganges) antes de convertirse en seis niños, muy traviesos y fogosos, que serán nutridos y criados por las Krittikas, ninfas celestiales, hasta que Paravati acaba convirtiéndolo en un sólo niño de 6 cabezas y 12 brazos. Y claro, a los siete días, acaba aniquilando a Tarakasura devolviendo el equilibrio a los mundos. Su karma y su dharma se alinearon. Nació para ser quién tenía que ser, y en esa integridad personal acabó trayendo de nuevo la integridad universal.
¿Qué podemos aprender y aprehender de esta historia? ¿Cómo podemos alinearnos con nuestro camino correcto, con los tiempos correctos, si no hacemos el trabajo interno de descubrir quiénes somos en realidad? Es sólo a través de una visión totalmente libre de patrones heredados u opiniones externas, una visión “purificada” por las llamas del fuego del discernimiento, que podemos tomar las riendas de nuestras acciones, y reacciones, y podemos volver a fluir con el hilo rojo que nos conduce hasta el centro del laberinto, y de nuevo, hacia su salida. Ser libre significa esto realmente. Creerse libre pero luego actuar según dicten las emociones o los patrones mentales, el inconsciente, lo heredado, o por validación externa, miedo a romper relaciones, etc., no es libertad. Libertad es tener una mirada siempre anclada en el discernimiento. Lo que creemos real siempre está coloreado por nuestra percepción. Por eso se dice que “creamos nuestro mundo”. No es que lo creamos, es que lo percibimos tal cual somos nosotros en cada momento. Observar esto, ser conscientes de esto, es el primer paso para aprender a ser libres, aprender a tomar responsabilidad sobre nuestras vidas y nuestras decisiones.
El símbolo de Krittika nakshatra es un cuchillo o una cuchilla. Es un símbolo afilado, que junto a toda la simbología anterior del fuego, hacen de Krittika un nakshatra muy poderoso para “cortar” con personas o situaciones, pero sobre todo, con aspectos de nosotros mismos que han vivido demasiado tiempo en la oscuridad rigiendo decisiones desde la sombra. De hecho, la palabra Krittika en sánscrito significa cortante, y se la conoce como “la estrella del fuego”. Es un momento perfecto para aprender a decir “NO”. Para aprender a poner límites Y mantenerlos. No rompamos las promesas que nos hacemos a nosotros mismos sólo porque ”queremos mantener la paz”. O peor aún, porque queremos mantener una imagen de nuestra identidad externa que creemos que los demás quieren ver. A veces, la paz interior de ser íntegros con quiénes somos es MÁS importante que lo que creemos que es la paz exterior que los demás quieren. Todo comienza en uno mismo. Los cambios se dan de dentro hacía fuera, y no al revés. Si nosotros mismos no nos respetamos, ¿cómo va a respetarnos el mundo exterior?
Sol y Luna frente a frente, a 180º de distancia, se observan. Sol-Shiva, como consciencia-testigo emana su luz, mientras Luna-Shakti refleja y subdivide esa luz, y al igual que la luz de un prisma que se refracta en colores, Shakti se convierte en la multiplicidad que crea esta materialidad. De lo inmanente a lo trascendente sólo hay un cambio de percepción; todo está pasando al mismo tiempo, todo está correlacionado. Cómo percibes el mundo es cómo te percibes a tí mismo. El poder de Krittika nakshatra es Dahana Shakti, el poder de quemar y purificar. No hay escapatoria cuando hay fuego. El fuego puede calentar una sopa, o acabar con un bosque entero. También puede convertir en cenizas al ave que resurge cual fénix renacido. Es cuestión de percepción y responsabilidad con nuestras decisiones, acciones, reacciones, y deseos.
En los cielos, los demás grahas siguen influyendo a su manera. El mismo día 15 de noviembre, Saturno sale de su retrogradación tras meses, aún en el signo de Acuario, y lanza un aspecto directo a la luna. Saturno nos va a ayudar muchísimo a poner esos límites necesarios. Marte debilitado aún en Cáncer, que rige esta luna llena, lanza a su vez un aspecto directo al sol, trayendo temas de emociones no integradas a la superficie, sobre todo frustración, rabia, cansancio, estar al límite, “quemados”… Esto ocurre sobre todo cuando empezamos a echarle la culpa a todo lo externo en vez de poner la mirada sobre nuestra parte y responsabilidad en el asunto (y no, tampoco es siempre todo nuestra culpa y aquí hay que discernir muy bien cuando la culpa de verdad es del otro, pero esto es lo que tenemos que practicar a ver, tenemos que estar muy atentos y conocernos profundamente).
El asunto del que tenemos que tomar responsabilidad es muy importante, porque es nuestra propia vida. Es una grandísima oportunidad para aprender a ponernos primero, y con esto me refiero, a poner primero nuestra integridad ante todo. No es momento de callar porque no nos guste el conflicto. No es momento de hacernos pequeños, escondernos, porque queramos mantener “la paz”, que en realidad es una paz falsa porque nosotros no estaríamos agusto en nosotros mismos si no decimos y hacemos, si no luchamos, por lo que de verdad deseamos y queremos. Una lucha alineada con nuestro karma y nuestro dharma, como Kartikeya. No hay nada de malo en expresar esas emociones que se consideran en el mundo moderno como “negativas”. No hay nada negativo en ser fiel a uno mismo. Y para serlo, hay que practicar. Hay que cortar con situaciones que a lo mejor eran cómodas, pero no correctas, y crear espacio para que lo nuevo llegue.
Esta luna llena en Krittika nakshatra nos pide transformación, lancemos a las llamas del fuego espiritual purificador todo aquello que debe convertirse en ceniza y renacer con otro rostro. El rostro de la integridad para poder caminar con responsabilidad en nuestra libertad elegida, libertad del discernimiento y el conocimiento. Nos pide blandir el cuchillo y cortar las cabezas (identidades) que se han quedado relegadas al automatismo. Nos pide sobre todo una escucha interna honesta y mucha valentía y paciencia. El activismo sagrado de aprender a luchar por uno mismo sabiendo que cuando estamos caminando por la verdadera senda individual personal, estamos en realidad caminando por la senda universal todos juntos. Lo inmanente y lo trascendente siempre en armonía. Shiva y Shakti nunca están separados. Sol y Luna como luz y reflejo, conciencia y energía. Lo que cambia dentro y se transforma, cambia el mundo.
Nuestras prácticas, nuestro esfuerzo por seguir este camino, nunca es en vano. Al final lo hacemos porque confiamos en que lo que queramos ver externamente debe primero nacer internamente y transformarnos. La paz que tanto anhelamos externamente, comienza internamente. Caminamos en integridad con compasión, dedicando nuestros esfuerzos a aquellos que no pueden y sufren. Todo lo que hacemos por nosotros, lo hacemos en realidad por el bien de todos los seres.
Muchísimas gracias como siempre por leerme, y escucharme. Deseo que esta luna llena nos traiga el fuego necesario para quemar todas las dudas acerca de quiénes somos, y que de las cenizas de lo que muera, podamos renacer con más integridad.
Para más información astronómica, astrológica, simbólica y mitológica sobre esta luna llena, puedes ver mi vídeo completo en mi canal de Youtube.
“Hemisferio Occidental dentro de una Rosa de los Vientos con el Océano Atlántico en el Centro”, por Piri Reis (capitán Piri) en su Kitab i-Bahriye (Libro de Navegación), siglo XVI.
Con diez cañones por banda,
viento en popa a toda vela,
no corta el mar sino vuela,
un velero bergantín,
bajel pirata que llaman
por su bravura el Temido,
en todo el mar conocido
del uno al otro confín.
La luna en el mar riela,
en la lona gime el viento
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Estambul.
«Navega velero mío,
sin temor,
que ni enemigo navío,
ni tormenta, ni bonanza,
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.
Veinte presas
hemos hecho
a despecho,
del inglés,
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria la mar.
Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra,
que yo tengo aquí por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.
Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pecho
a mi valor.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria la mar.
A la voz de ¡barco viene!
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar:
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.
En las presas
yo divido
lo cogido
por igual:
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria la mar.
¡Sentenciado estoy a muerte!;
yo me río;
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna antena
quizá en su propio navío.
Y si caigo
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
de un esclavo
como un bravo
sacudí.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria la mar.
Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.
Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado
arrullado
por el mar.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria la mar».
Canción del pirata, José de Espronceda, poeta extremeño, siglo XIX.
Comenzamos el mes de noviembre con una luna nueva en Swati nakshatra, en el signo de Libra. Una nueva luna, una nueva oportunidad. Tras la pasada luna llena en Ashwini nakshatra que encendió el fuego del deseo primordial, ahora es el momento de izar las velas, y dejarnos llevar por el viento y su propia sabiduría espacio-temporal.
Swati nakshatra está formada por una sola estrella, la más brillante de la constelación Bootes, y la tercera más brillante del cielo (después de Sirio/Alpha Canis Majoris y Canopus/Alpha Carinae), que conocemos como Arcturus (Alpha Bootes). La estrella Arcturus se encuentra a unos 37 años luz, y su diámetro es 27 veces mayor que el de nuestro sol. Seguramente por su brillo, durante la Edad Media se asoció a esta estrella con la búsqueda del Santo Grial y las leyendas del rey Arturo, de allí el nombre con el cual se la conoce. La constelación de Bootes representa a un pastor con un cayado que está mirando hacia la Osa Mayor; pero quién era ese pastor varía según qué mitos. También, entre las leyendas de navegantes y marineros del Mediterráneo, se asociaba a esta constelación con la llegada del invierno y las tempestades, y no se consideraba un buen augurio ya que traía dificultades para la navegación. Pero eso nunca ha impedido a un marinero seguir los latidos de su propio corazón para discernir cómo llegar a buen puerto, guiado por las estrellas…
Y eso es lo que nos pide esta energía de luna nueva. Una vez hemos hecho los deberes de conectar realmente con lo que queremos y hemos encendido la chispa, es momento de dar un paso al frente. Alrededor siempre va a haber obstáculos, malos augurios, tempestades, niebla, y un largo etcétera en obstáculos reales o imaginados, pero eso no quiere decir que si observamos con atención, no podamos intuir el momento adecuado, sentir el viento adecuado, que pueda llenar nuestras velas y llevarnos al destino soñado; a sentirnos en integridad con todo lo que nos rodea. Como dice el poema entre líneas, si sabemos escucharnos y seguimos la sabiduría de la naturaleza (viento y mar), seremos dueños de nuestra propia libertad.
La deidad que rige a Swati nakshatra es Vayu, el dios del viento. Vayu representa la energía vital o prana que subyace a todo lo que existe. El aire que respiramos, la sabiduría infinita de la respiración, es un gran ejemplo de lo que simboliza este momento vital en el que nos encontramos. ¿Te has preguntado alguna vez quién está respirando cuando inhalas y exhalas? ¿Cómo es que la respiración tiene su propio ritmo, su propio orden, su propia inteligencia? Según la cosmología corporal yóguica y ayurvédica, existen cinco vayus, o vientos, que rigen diferentes zonas y acciones: prana vayu, apana vayu, udana vayu, vyana vayu y samana vayu. ¿Somos conscientes de los movimientos del prana en nuestros cuerpos? ¿Y en la naturaleza, en el mundo, en todo lo que nos rodea?
Según varios textos y tratados yóguicos y tántricos, se dice que respiramos unas 21600 veces al día. ¿De cuántas inhalaciones y exhalaciones somos verdaderamente conscientes? Durante esta luna nueva, y este mes en general, sería un buen momento de empezar a trabajar con tu respiración, comenzando por observarla sin controlarla. Hacer ejercicios de respiración, o trabajar con el prana a través del pranayama, también sería recomendado para conectar con el simbolismo de esta lunación, y con el significado profundo que Swati, Vayu, el viento y las estrellas quieren desvelarnos.
Existe un equilibrio entre el control, y el dejar ir. Entre lo que podemos decidir, y a lo que debemos rendirnos. Como un navío a merced de las olas y el viento que tiene cierta libertad en elegir el posicionamiento de sus velas. Trabajamos con el poder de la naturaleza y del tiempo, no en contra. Ese sería el secreto. Trabajamos con nuestra respiración, no en contra. Trabajamos con nuestros deseos, no en contra.
La Shakti, o poder, de Swati es el poder de dispersarse como el viento (Pradhvamsa Shakti). Esta luna trae la oportunidad de aprender a ser flexibles, a abrirnos al cambio y la transformación. Swati tiene varios símbolos: un brote de una planta, una sola brizna de hierba mecida por el viento y una espada. El nombre de Swati se traduce muchas veces como “la independiente”, de la raíz ‘swa/sva’ que significa “el ser”, “la esencia”. Tenemos el deseo de movernos cómo y hacia dónde uno mismo quiere. Tenemos grandes deseos de libertad, de ser quiénes hemos venido a ser, y eso empieza con la total aceptación del lugar que ocupamos en el tiempo-espacio que nos corresponde. Una vez aceptamos, el siguiente paso es abrirnos al cambio. Igual que las historias y mitos de yoguinis y yakshinis que pueden cambiar de forma, ya sea a animal o planta, nosotros también tenemos esa capacidad. Hay algo interno que es como un mástil, firme, seguro, que es la base esencial sobre la que podemos izar las velas, y luego, dejar que el viento nos mueva. Debemos buscar esa esencia, reconocerla y enraizarnos en ella, porque los cambios llegan, queramos o no. ¿No será mejor que sean cambios elegidos, en vez de cambios sorpresa? Y si fueran sorpresa, que podamos siempre volver a nuestro centro.
Dentro del sistema zodiacal de doce signos, incluímos a Swati nakshatra completamente dentro de los márgenes del signo de Libra. El signo de Libra está regido por Venus, y Venus se encuentra en estos momentos en Escorpio, acompañada, desde muy recientemente, de Mercurio. Ambos planetas están navegando hacia el abismo profundo del océano. Nuestra capacidad de ver el orden y la belleza, y nuestra capacidad de discernir, están ahora mismo coloreadas por el misterio. Tenemos ganas de profundizar. Ya no nos vale lo superficial. Aquello que creíamos que nos hacía felices, está cambiando. Y debemos aceptarlo y cambiar con ello. Es momento de cambiar de rumbo.
Marte debilitado en Cáncer está creando un aspecto un poco duro hacia el sol y la luna, dándonos una sensación de que nuestra motivación se ahoga en los mares de dudas. Dudamos de nuestra propia fuerza y capacidad para avanzar en nuestros planes, en los cambios y transformaciones que ya podemos estar sintiendo de manera intuitiva o instintiva. Pero el miedo y la duda pueden convertirse en grandes aliados, si sabemos darles el espacio necesario para que sientan también la libertad de existir, pero colocándolos detrás de nosotros para que nos empujen hacia dónde queremos ir, en vez de delante de nosotros donde nos impiden avanzar con claridad. El miedo y la duda pueden ser compost fértil para cualquier renacimiento.
Por último, sólo quería decir una cosa más. El mundo está lleno de sufrimiento. Lleno de injusticia. Cada día nos levantamos y vemos imágenes que ni en nuestras peores pesadillas pudimos haber imaginado. El mundo siempre ha sido, y siempre será un lugar dual donde van a convivir la belleza más absoluta, con el dolor más incapacitante. En mi opinión, cuando sentimos la impotencia de no “poder hacer nada” para ayudar a aquellos que se encuentran en los infiernos que hemos creado en el aquí y ahora en esta tierra, podemos recordarnos que debemos buscar la paz primero en nosotros mismos. Sí, podemos hacer algo, y ese algo, aunque suene insignificante en el gran esquema espacio-temporal, os aseguro que no lo es.
Ese algo es vivir en integridad. Seguir caminando cada día para reconocer esa esencia que nos sustenta. Seguir haciendo nuestras prácticas. Seguir abrazando a nuestros seres queridos. Seguir disfrutando y agradeciendo cada segundo de privilegio que tenemos. Alzar la voz por aquellos que no pueden. Navegar las aguas de la vida, siempre hacia adelante, siempre hacia donde nos lleve el viento. Sin hundirnos. Sin rendirnos a pesar de las dificultades. Se lo debemos a todos aquellos que ya no están aquí, y a todos aquellos que están sufriendo. Nos lo debemos a nosotros mismos y al deseo primordial que brota de nuestros corazones y del corazón universal.
Una vez aprendemos a caminar en integridad con la voz interna del discernimiento cortante (como esa espada de Swati), las decisiones que tomemos al final tendrán un impacto a nivel mundial. Qué compramos y dónde, qué comemos, a quién votamos, qué límites ponemos, a quién dejamos entrar en nuestras vidas, y a quién decimos adiós. Dónde gastamos nuestra energía, y dónde ya no. Cuando vivimos en integridad, todas y cada una de nuestras decisiones serán por y para la libertad personal y colectiva. Ojalá, como dice el poema de Espronceda, el mar sea al final nuestra única patria. Sin distinción, que el amor sea hogar del pasado, del presente, del futuro, y de lo eterno.
Podéis ver mi vídeo en Youtube para más detalles astronómicos, astrológicos y simbólicos sobre esta luna.