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  • Luna Nueva en Capricornio, Uttara Ashada Nakshatra

    Renacer.

    Tomar la primera respiración conscientemente tras la pausa. Salir lentamente del abismo, de la cueva, de la hibernación.

    Cuando el Sol entra en Uttara Ashada Nakshatra, en el signo de Capricornio (cosa que ocurre ahora cada año entre el 14 y el 15 de enero dependiendo de dónde nos encontremos en la Tierra) se le llama a este tránsito Makara Sankranti (Makara es el nombre de la constelación de Capricornio y Sankranti significa “moverse de un lado a otro/cambiar”). Antes esto ocurría durante el solsticio de diciembre, pero por el efecto de la precesión de los equinoccios, ahora el sol renace durante el solsticio en el signo de Sagitario, y entra astronómicamente en la constelación de Capricornio en enero.

    El solsticio de diciembre, en el Hemisferio Norte, dio comienzo a lo que llamamos Uttarayana, la vuelta del Sol a su latitud norte, cada vez más cerca de la Tierra, prometiendo la llegada del calor de sus rayos, prometiendo más horas de luz. Los días se van alargando durante seis meses, y según la astrología Védica, son los momentos más auspiciosos para comenzar cualquier proyecto, plan de vida, o perseguir nuestros deseos materiales, recoger la cosecha de los frutos plantados, y salir a celebrar lo cosechado. También se dice que durante el solsticio y cerca de esa fecha, es un momento muy auspicioso para morir, para que el alma deje el cuerpo en su viaje, pero esa es otra historia para otro día.

    El Sol ha renacido. Simbólicamente, el Sol representa nuestro Ser/alma (purusha) y también nuestra capacidad de consciencia del “yo soy” (ahamkara, a veces denominado “ego” en su forma literal, saberse uno, uno mismo, tener conciencia de ser). El Sol es nuestra energía vital, nuestra capacidad de contener la esencia del universo en nosotros mismos, mejor dicho, es la esencia universal reflejada y contenida en nosotros mismos. Según las filosofías del Samkhya y del Yoga, purusha sería el último tattva existente (principio de realidad). Para estas corrientes, purusha es el “verdadero ser”, siendo lo demás una ilusión perteneciente a, y contenido en, prakriti (naturaleza/mundo material). La ignorancia, según estas filosofías, es no ver que todo es irreal excepto purusha, todo es una ilusión, y que somos en realidad alma más allá de la realidad corporal, encuerpada, material. Hasta aquí, los tattvas sumarían 25 principios de la realidad según estas filosofías, y se engloban en una corriente dualista, que determina que hay una separación entre real-irreal, alma-cuerpo, espiritual-material. Es algo parecido al sistema cartesiano de nuestra filosofía occidental.

    Por otro lado, el sistema filosófico del Tantra Clásico posita que hay una realidad más allá de purusha, una realidad que se ha visto envuelta en la ilusión de que existe esta dualidad, cuando en realidad, es la unidad que se experimenta a sí misma a través de su separación. Para el Tantra, todo es igual de real, porque todo, incluyendo esa roca que ves a la orilla del mar, contiene una esencia universal, llamada en este caso Paramashiva, que no es otra cosa que Shiva-Shakti en unión completa. En este sistema se añaden tattvas hasta llegar a 36, todos contenidos en la gran Kali, que no es ni siquiera un principio de la realidad, está más allá de ella, es el contenedor dónde todo existe.

    Para esta corriente, todo es sagrado, o no lo es. Pero todo depende de la capacidad de consciencia del individuo de ver más allá de ahamkara, y ver con el ojo interno de buddhi, la capacidad del intelecto del discernimiento, la puerta de entrada hacia purusha y prakriti, y de allí, más allá de maya (la shakti que crea esta realidad material y que no es “ilusión” como se entiende la palabra, sino su capacidad de ocultar y revelar la realidad y la verdad del no dualismo a quien sepa ver).

    Manas, la mente automática que se mueve por intuición, instinto, emociones, intuiciones, inconsciente, patrones o samskaras, sólo tiene la capacidad de estar consciente en el estado despierto. Y ni siquiera es consciente de estar consciente. Aún así, este tattva es necesario y contiene en sí mismo la misma esencia que todos los demás, Shiva-Shakti viven aquí también. Ahamkara, el ego, tiene la capacidad de estar consciente en los estados despiertos y dormidos, durante el sueño también. Es capaz de saberse “uno mismo”, capaz de entender y aprehender “quienes somos” en esta realidad encarnada. Y un poco más allá, más profundo, se encuentra el tattva buddhi, ese llamado intelecto que discierne lo real, que es que no hay dualidad realmente, aunque la dualidad es la puerta, la llave y la entrada a lo no-dual. Buddhi tiene la capacidad de estar consciente en los estados despierto, dormido y del sueño profundo sin sueños.

    En el Tantra, la ilusión es pensar que hay separación, que algo es ilusorio. Esa es la ignorancia del Tantra. Pensar que la realidad del cuerpo, del mundo material, es menos espiritual que la del alma. Esa ignorancia nos mantiene en un estado de no pertenencia. No pertenencia a nosotros mismos y al Todo. Nos sentimos “menos”, “no suficientes”. Y allí es cuando nos perdemos. Nadamos en las aguas del gran océano primordial y creemos ahogarnos, solos. Creemos que estamos solos porque nos creemos únicos y especiales, separados del resto de la realidad natural. Y no es así. Porque lo somos Todo, en la parte. Pero es igual de importante contenernos y sabernos nosotros mismos en este cuerpo, en este momento, aquí y ahora. Saber quiénes somos, qué queremos y cómo queremos conseguirlo. Saber por qué luchamos, saber qué abrazamos y qué dejamos ir. Saber a qué nos rendimos. Saber que Somos siempre lo que tenemos que Ser.

    La Luna también se encontrará en Uttara Ashada el día 21 de enero. Y allí, se unirá al Sol creando la primera luna nueva del año, la primera luna nueva tras el solsticio. Es un renacer de la Luna, tras el renacer del Sol. Sol como purusha y ahamkara, Luna como prakriti y manas. Sol como Shiva, trascendencia, la luz de la consciencia, y Luna como Shakti, inmanencia, el poder del autoconocimiento reflexivo.

    ¿Veis la correlación? ¿Veis por qué tenía que escribir todo lo que he escrito anteriormente?

    Renacer.

    Tomar la primera respiración conscientemente tras la pausa. Salir lentamente del abismo, de la cueva, de la hibernación.

    Es el momento de decidir cómo miramos a la realidad que nos rodea. Cada pensamiento, deseo, anhelo, es una semilla con capacidad de crecer y crear los más bellos bosques llenos de árboles y flores, si las regamos con nuestra atención, prolongada en el tiempo, es decir, con nuestra consciencia de tener consciencia de por qué y cómo hacemos las cosas.

    Capricornio es un signo de tierra que justamente me retrotrae a lo que escribía antes; que incluso una piedra, un puñado de compost o la arena del desierto tienen y forman parte de la esencia universal. Todo es sagrado. Capricornio nos habla de responsabilidad. Y no hablo sólo de recoger a los niños del cole, sacar a los perros o poner la lavadora, que también, sino que hablo de una responsabilidad contigo misma, contigo mismo, y con la vida entera, la realidad completa. La responsabilidad sagrada de ser quien eres, y no sólo eso, sino de saber quién eres y ser íntegro con eso que descubras, redescubras o recuerdes. Esa es la mayor responsabilidad de nuestras almas encarnadas. Andar los caminos de nuestro dharma, cada uno el suyo, recogiendo las semillas del karma de nuestras acciones y reacciones pasadas. La verdadera libertad sólo subyace en saber que a pesar de cualquier karma ya plantado tenemos la libertad de la reacción y también somos libres de actuar ahora plantando jazmines, rosas, o palmeras, en vez de tempestades para cosechar en el futuro. Tú eliges, ¿o dejas que la vida elija por tí porque te encuentras sumido, en el sueño profundo de la ilusión de que no perteneces? ¿De que estás separado de Todo lo que Es?

    Uttara Ashada significa “la siguiente victoria” y es una casa lunar regida por los Vishvadevas, los diez hijos del dios Dharma, las deidades universales que se hacen cargo del orden natural. Son el símbolo de los principios universales: bondad, verdad, determinación, talento, tiempo, deseo, firmeza, ancestralidad, abundancia, alegría. Uno de sus símbolos es un cuerno de elefante, que nos recuerda a la deidad Ganesha, que no sólo quita los obstáculos de nuestros caminos, sino que es el que los pone para enseñarnos nuevas maneras de ver y de ser en el mundo, en nuestros mundos. Es como Shakti, que es la ofrenda y la ofrendada. De nuevo, analogía de la parte en el Todo y el Todo en la parte. Es una nakshatra o constelación lunar muy introvertida, que tiene que ver con vivir una vida sencilla, pero en plenitud, una vida introspectiva. Es un buen momento para crear las bases o fundamentos de los rituales y rutinas que nos van a sustentar para este siguiente periodo de tiempo. Para ello debemos mirar con total honestidad aquellas prácticas que ya no nos sirven, al igual que aquellas relaciones, porque es sólo a través del esfuerzo sin sobreesfuerzo que encontramos el camino medio que nos equilibra desde dentro afuera.

    Siendo principio de año en el calendario gregoriano también, y comienzo del nuevo año lunar, es buen momento para crear pequeños momentos de conexión ritualizados de alguna manera para recordarnos a lo largo del día que somos mucho más de lo que creemos ser. Ya sea mover el cuerpo o respirar con consciencia, ya sea rezar, cantar mantras o sentir devoción de la manera que elijas, o ya sea limpiar y ordenar con la mente concentrada en el momento, cualquier práctica tuya, realmente tuya, es la puerta de entrada del ahora a la eternidad.

    Esta nakshatra, esta luna nueva, este momento vital tiene la capacidad de abrir las puertas de la percepción de la universalidad del individuo. Y para ello, honramos la universalidad a través de la individualización de cada uno, a través de la diferencia, a través de la separación. De nuevo nadamos en esas aguas duales como puertas de entrada a la no-dualidad. Igual que Makara (Capricornio) se representa originalmente como una criatura mitad cola de pez o delfín y mitad cabra, tenemos la capacidad de nadar en el océano cósmico universal y de asentar los pies sobre la tierra. Qué suerte que podamos ser conscientes de esto, y sentir, que lo somos todo, siendo simplemente nosotros mismos.

    Os deseo una muy feliz luna nueva, un feliz comienzo de ciclo, y ojalá que podáis sentiros siempre completos en vuestra percepción de quiénes sois.

    Gracias siempre por leerme.




  • Sailing the inner & outer seas

    Sailing our catamaran Gem in Greek waters

    Sailing the inner & outer seas as a practice of self-awareness is my life now. The stars and the winds guiding my path. Completely surrendering to what is, there is no use for control, even after planning, we need to let go and float away in the unknown. We create these ideas in our minds that we are the makers of our own reality, when reality is all there is, with or without us; change is there, spiraling inwards and outwards, concealing and revealing the mystery of what it is to be and feel alive. To live a life in constant movement and flow, uncomfort and cold nights too, with minimal material objects that normally hide what is under layers of confusion and learning to appreciate with deep gratitude the small pleasures like a hot shower when there is one, I can slowly start to see clearly what Is and always Was, and Who I am, and always will Be; nothing more than a reflection, a ripple of light in the waves of Life. Like the light of the moon that reflects the sun. The bridge between becoming and being….

  • Luna Nueva en Sagitario, Mula Nakshatra

    Sol y Luna se unen una vez más en su abrazo cósmico con esta luna nueva hoy en el signo de Sagitario, una luna nueva que abre no sólo otro mes lunar, sino que da comienzo a un nuevo año lunar también. La luna nueva es la unión mensual de las energías masculina y femenina representadas filosófica y simbólicamente en Sol/Shiva (consciencia/prakasha) y Luna/Shakti (reflejo/vimarsha). Igual que el Sol no cambia y es constante, como Shiva, la consciencia suprema, la luna crece y mengua reflejando esa luz, como es Shakti, que se divide en la parte, aunque contenga siempre el Todo.

    También nos recibe un nuevo Sol, parado en el cielo hasta el 25 de diciembre cuándo renacerá, tras el solsticio de antes de ayer, que astronómicamente ocurre ahora en nuestros días en el centro de nuestra galaxia, en el eje de la Vía Láctea, el eje de Sagitario, Mula nakshatra, frente a Géminis, Ardra nakshatra.

    Una nueva luna hoy nos recibe desde este mismo centro junto al sol en la constelación de Mula, simbolizada por unas raíces, al igual que el núcleo vital de nuestra existencia en ese centro galáctico, esta luna nueva nos habla de finales y de espacios liminales. Nada es casualidad, no hay accidentes para quién sabe mirar. La deidad que rige este lugar tan íntimo y abismal es Nirriti, una diosa de destrucción y finales necesarios asociada a Kali, la oscuridad suprema del tiempo-espacio, el espacio mismo más bien, el Gran Vacío que lo envuelve todo, para que todo pueda existir. En el esquema de 36 tattvas o principios de la realidad utilizado en el Tantra clásico y postclásico, Kali se sale del esquema. Está más allá de ParamaShiva (que es Shiva-Shakti por supuesto) porque Ella no es un principio de la realidad, sino que es el espacio-tiempo mismo desde dónde la realidad puede existir, desde dónde todas las posibilidades pueden darse forma.

    Ese es el mensaje profundo que nos susurra esta luna. Que contemplemos el vacío como fuente inagotable de toda posibilidad. Es en esta paradoja donde encontramos la conexión intrínseca del vacío existencial propio como compost fértil para decidir seguir los susurros del alma, que nos habla desde el corazón místico, el corazón central de nuestro ser. 

    ¿Quiénes somos sino la parte del todo, y el todo en la parte?

    Hoy no quiero entrar en filosofía, ni quiero explicar conceptos complicados porque el cuerpo y el alma me piden otra cosa, sólo quiero invitaros a la reflexión profunda que pide esta época del año, igual que me lo pide a mí. La reflexión y contemplación sobre quiénes somos en realidad desde el centro, no sólo nuestro, sino del universo que conocemos. El centro como agujero negro, el centro como Gran Vacío. ¿Qué cabe en nuestros abismos?

    La luz, siempre, desde siempre y para siempre nacerá de la oscuridad.

    Os deseo a todos un feliz final y un feliz comienzo, un feliz estar en el espacio liminal, sin ser lo que ha muerto, ni ser aún lo que renacerá. Os deseo presencia máxima, consciencia y reflejo, para, una vez sea el momento adecuado, renacer en plenitud desde el corazón mismo del abismo universal.

    Feliz luna nueva, feliz año nuevo, y nos vemos (y leemos) al otro lado.

    Gracias siempre por acompañarme.

  • There is no escaping reality

    There is no escaping reality…

    I tried to ignore it,
    I tried to fight it,
    I tried to grasp it,
    I tried to control it,
    I tried to change it,
    I tried to hold on to it…

    I tried to escape it
    by understanding it.

    I tried to be there,
    I tried to be everywhere;
    to be anywhere but here.

    And in the trying and trying
    to do everything but Be,
    I found that only surrender
    kept me in peace.

    There’s no turning back,
    there’s no jumping forward,
    there is only this presence,
    there is only this breath.

    To float in the unknown
    is the key to What Is…

  • Luna llena en Tauro, Rohini Nakhatra


    La luna llena en Tauro, en Rohini Nakshatra, iluminará el cielo nocturno entre el 7 y el 8 de diciembre, depende de dónde nos encontremos en el mundo. La luna llega a su máximo esplendor, a la vez que va a ocultar al planeta Marte, que se encuentra en este mismo pedazo de cielo en estos momentos. Rohini es la esposa favorita de las 27 que tiene el dios Chandra. Cuenta la historia que las demás hermanas se pusieron celosas porque pasaba con ella mucho más tiempo, y Jyeshtha, la mayor de ellas y nakshatra que se encuentra en oposición exacta a Rohini, en Escorpio, puso voz a las quejas de todas ellas, las 26 restantes, ante su padre Daksha, ya que Chandra había roto la promesa de tratarlas a todas ellas por igual. Daksha, en su furia, lanza un maleficio para que Chandra fuera muriendo y desapareciendo lentamente por una enfermedad incurable. Pero a la vez, todo aquello que dependía de la luna fue degenerando también en el mundo. El equilibrio natural empezó a romperse. Chandra no encontraba manera de romper el conjuro. Fue a Indra y luego a Brahma, que le aconsejó que recitara el Mahamrityunjaya Mantra para postrarse ante el Gran Shiva:

    ॐ त्र्यम्बकं यजामहे सुगन्धिं पुष्टिवर्धनम् |
    उर्वारुकमिव बन्धनान्मृत्योर्मुक्षीय माऽमृतात् ||

    Aum Tryambakam yajaamahe sugandhim pushtivardhanam |
    Urvaarukamiva bandhanaan-mrityormuksheeya maamritaat ||

    Adoramos a Aquel que tiene tres ojos, quien es fragante y que nutre a todos.
    Como el fruto se despega de la atadura del tallo, que seamos liberados de la muerte, concédenos la inmortalidad.

    Shiva se le apareció a Chandra tras adorarle, y le dijo que el conjuro no podía ser totalmente destruído, y que por tanto, debería poner a Chandra sobre su cabeza y llevarle con él siempre, y por otra parte, gracias a su rendición devocional, sí que podría evitar la aniquilación total de Chandra liberándole de su muerte, cambiando el conjuro para que creciera y menguara en los cielos de manera cíclica y eterna. De esta historia surge la idea de los ciclos de la luna, que crece durante 14 días y llega a la luna llena durante la fase creciente, para menguar durante 14 días y acabar en la luna nueva, la luna oscura, durante la fase menguante, creando un ciclo de 30 días lunares. Esta historia nos habla de amor, de deseo, de celos, de ponernos primero, de decir en voz alta nuestras necesidades, de cumplir las promesas, de ser íntegros, al fin y al cabo, con nosotros mismos, sabiendo rendirnos al final, sin control, a aquello que fluye sin nuestro control, a los ritmos de la vida.

    La luna llena en esta posición y por su relación a las demás estrellas y planetas, en esta parte de su ciclo brillante, nos pregunta: ¿sabemos ver con claridad quiénes somos? ¿Sabemos en realidad hacer cura de venenos, aprovechar lecciones de maldiciones que creemos que la vida nos ha puesto delante? ¿Sabemos hacernos responsables de nuestros deseos, decisiones y acciones? ¿Sabemos descansar cuando hace falta, y levantar las armas cuando es necesario? ¿Sabemos que lo que somos es en realidad, cambio constante; un crecer y menguar; un vivir, morir y renacer?

    Se dice que la luna está exaltada en Tauro, que especialmente se siente agusto en Rohini, que es la estrella de tono rosado, Aldebarán, el ojo del toro de la constelación de Tauro. Rohini significa “la rojiza” y también, “la que crece”. Rohini (Aldebarán), al igual que Marte y también que Jyeshtha (Antares), también tiene ese color rojizo o rosado en el cielo, que muchas veces se asocia a Shakti como energía primordial. Su símbolo es un carro que asocia a esta casa lunar con el movimiento, y con el guna rajas, una de las tres cualidades en las que se manifiesta la realidad (las otras dos siendo tamas y sattva) y cuyo color simbólico también es el rojo. Su deidad es Prajapati, creador primigenio que manifiesta la realidad.

    Empiezo a ver una temática abrirse paso, un simbolismo oculto a plena vista, de esos en los que me encanta ahondar y en los que me encanta contemplar. Asocio todo esto también al rojo alquímico de la fase del rubedo, la fase final de la gran transformación de la materia prima, desde el nigredo, al albedo, al citrinitas y acabando en rubedo. Rubedo como el oro final, el rojo como símbolo de la piedra filosofal. Shakti, como rostro visible de Shiva, la consciencia suprema, el Gran Observador, al que llegamos a través de Ella.

    ¿Y cómo podemos llegar a Shiva, cómo podemos aprender a percibir este orden inherente del universo tal cual es, a través de los principios de la realidad, o tattvas? ¿Cómo llegamos a tener una percepción de la consciencia suprema a través de la consciencia individual y separada, una consciencia del Todo, desde la Parte?

    Según el Tantra Clásico, y más específicamente del Shivaismo de Cachemira (y aún más específicamente, me estoy basando en los libros y textos de Swami Lakshmanjoo), existen ciertos medios o caminos para conseguirlo llamados upāya. Upāya son los medios por los que llegar a la gran consciencia suprema a través de la consciencia individual, dependiendo de cómo es esta en cada uno, y su capacidad de concentración y permanencia en esa atención sin distracción.

    Existen tres tipos de upāya: śāmbhavopāya, el medio supremo; śāktopāya, el medio intermedio; y āṇavopāya, el medio inferior.

    Śāmbhavopāya

    La definición, dada en el Malini Vijaya Tantra para śāmbhavopāya es – “el que preserva la ausencia de pensamiento”. Es el medio en el que no hay medio, no hay camino, el medio es el camino y el final en sí. El que tiene consciencia de la no-consciencia de consciencia y se queda un tiempo en este estado de no pensamiento, por la gracia del Maestro (en este caso también podemos entenderlo como la gracia de Shiva, o Consciencia Suprema, aunque en el Shivaismo de Cachemira se hace hincapié en estos métodos la necesidad a veces de un Maestro iniciado y cualificado para abrir ciertas puertas a la percepción de la realidad universal, eso sí, si no ocurre inmediatamente y automáticamente una iniciación por Shiva-Shakti natural y espontánea), entra en ese estado trascendental inmediatamente en el que sabe que todo el universo es en realidad el “yo” original que es Parama Shiva. A este upāya también se le denomina icchopaya porque se origina desde iccha shakti, la energía de la voluntad, del deseo primordial. Este medio se encuentra en el mundo del monismo puro, la no-dualidad pura.

    Śāktopāya

    Este medio funciona a través de las energías. Se le conoce como jnanopaya porque se origina de jnana shakti, la energía del conocimiento. La clave de este método es aprender a mantener la atención entre dos puntos de realidad, dos momentos, dos acciones, dos estados, hasta que esa consciencia se haga fuerte y firme para poder llegar a śāmbhavopāya. Debemos mantener una atención y concentración ininterrumpida entre esos dos estados. Si esa atención se rompe, debemos usar otras prácticas y métodos hasta poder afrontar esta capacidad de consciencia superior. Ejemplos de estos estados intermedios pueden ser aquellos entre la vigilia y el sueño, con atención plena; entre un pensamiento y otro, con atención plena. Contínuamente. Si el yogui, o practicante es incapaz de mantener con atención y concentración estos estados ininterrumpidos de consciencia, deberá usar otros medios inferiores, el medio de āṇavopāya.
    Este medio se encuentra en el mundo donde la dualidad y la no-dualidad coexisten.

    Āṇavopāya

    Āṇavopāya tiene que ver, y se ocupa en, anu, el alma individual. Es aquel upāya que funciona mediante el proceso de concentración en uccara (respiración), karana (órganos de las sensaciones), dhyana (contemplación) y sthana prakalpana (concentración en un lugar concreto). Todos estos procesos en los que no voy a entrar a explicar ahora mismo, se les llama los upāya de jiva, los métodos, medios o caminos del individuo. Es el medio en cual atención, concentración, percepción y consciencia necesitan de todos los medios posibles para mantenerse en un foco, necesitan soportes fijos para que la distracción no saque a la consciencia de concentrarse donde está. Āṇavopāya también se le conoce como kriyopaya porque origina de kriya shakti, la energía de la acción. Āṇavopāya es el medio que se encuentra en el mundo de la dualidad.

    Anupāya

    Más allá de estos tres medios existe un cuarto medio, al que se le conoce como anupāya, que significa “no-upāya”. Aquí, el practicante o aspirante al conocimiento supremo de uno mismo sólo tiene que darse cuenta de que nada debe de hacerse, no hay nada que hacer, sé quién eres, nada más. Haz lo que estés haciendo, piensa lo que estés pensando. Simplemente reside en tu ser. Este upāya se le atribuye a ananda shakti de Shiva, que es la energía de la gracia, la bendición, la dicha.

    Como vemos, podemos encontrar muchísimas explicaciones, métodos, símbolos para al final, llegar a conocerse uno mismo. Podemos observar el cosmos y saber que la luna llena ocurre en un trozo de cielo que hemos llamado Tauro, que simboliza la tierra, la materia; que la luna llena ocurre en una estrella llamada Rohini y que conocemos como Aldebarán, que nos habla de la belleza, el confort y el descanso; que Rohini se encuentra en oposición directa a Antares, Jyeshtha, otra estrella rojiza de la constelación de Escorpio, dónde se encuentra el sol ahora mismo, que nos habla de responsabilidad, de decir en voz alta lo que de verdad queremos, por lo que queremos luchar; podemos observar que astronómicamente la luna llena ocultará la luz rojiza del planeta Marte, el guerrero, de nuevo trayendo el color rojo a primer plano tras su desaparición; podemos asociarlo al rubedo alquímico, a la transformación de la prima materia en oro filosofal y todas sus fases prefiguradas en los otros colores, negro/nigredo, blanco/albedo, amarillo/citrinitas; podemos contar las historias de los dioses, de Chandra y sus esposas, las mitologías del cielo; podemos practicar respiración consciente, métodos de meditación, mantras, rituales, prácticas físicas y mentales… pero ¿de qué sirve todo este conocimiento si no lo transformamos en símbolos que nos hablen al corazón profundo, al intelecto del discernimiento interno? ¿De qué sirve si no es para conocernos más profundamente y así conocer y percibir la realidad en la que navegamos? ¿Para conocer el Todo, desde la Parte?

    Todo a nuestro alrededor posee un lenguaje, una forma de comunicación desde lo más burdo a lo más sutil. Es el ejercicio de educar nuestra consciencia a la concentración lo que nos ayuda a insuflar de entendimiento lo que vivimos, quiénes somos en realidad en esta espiral cíclica del cambio constante, del tiempo-espacio. La poesía del entendimiento de uno mismo es el fin último de nuestra existencia, disfrutemosla.

    Os deseo una muy feliz luna llena y deseo (nos deseo) de todo corazón que el lenguaje que decidamos escuchar nos ayude a vivir en paz con la aceptación de quiénes somos en realidad. Gracias por leerme y estar aquí siempre,

    Danah